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Saúl Fernández

Crítica / Teatro

Saúl Fernández

Los goles oxidados

Ignasi Vidal presenta un drama a lo Mamet sobre la trastienda del fútbol y se lleva el aplauso avilesino

Chuta, remata y gol. Contra todo el presente, ese larguero que cierra el porvenir y sujeta una red que igual que pesca ambiciones se lleva fracasos como un sumidero de perdición. Millonarios y también pobres con sueños desorbitados. “Dribbling”, que se representó anoche en el teatro Palacio Valdés, en Avilés, es un “thriller” sobre la búsqueda del lugar en el mundo y sobre la miseria y sobre los goles oxidados de las tardes de los domingos, en las ligas normales y también en las superligas. Se trata de lo último de Ignasi Vidal, que es un David Mamet castizo, hiperrealista, descorazonador, triste. Y eso está bien. Porque la tristeza, la casta y la frialdad se echan de menos en la escena. El fútbol es así. O, al menos, se le parece.

Los goles oxidados

Vidal plantea su tragedia con sólo dos personajes –como “Muñeca de porcelana”, como “Oleanna”–. Están en la cresta de la ola. Javi (Álvaro Rico) es uno de los jugadores mejor pagados del mundo, es joven, guapo, bebedor, drogadicto... Pedro (Nacho Fresneda) es su representante. Es millonario, ambicioso, frustrado, un miserable.

Los dos trenes se cruzan. Lo hicieron anoche en el teatro Palacio Valdés. Y dio gusto ver a los dos actores palabra sobre palabra, réplica sobre réplica. Los dos actores no eran actores sobre la escena, eran el representante y su jugador vivalavirgen vivitos y coleando. Y lo eran por la mano de Vidal, que dirige a sus actores para que parezca que no se precisa su presencia. Lo hizo con “El Plan” o con “El hambre”: la realidad como objeto novelable, que diría Galdós. Vidal dirige siempre con un talento superior. Y así sólo le queda a los actores todo lo demás: convencer de que la peripecia planteada por el autor (que esta vez es el mismo Vidal) es tan hiperrealista como el resto del espectáculo. Les costó. Sobremanera, porque el río caudaloso que es como empieza “Dribbling” se transforma en un lago sin desagüe. Y es una lástima porque me quedaron más ganas de conseguir mimetizarme con el ambicioso sin medida o con el famoso excesivo, pero con la mente puesta en Primera Regional. Aunque se sienta ahogado por no haber sabido escuchar que sólo no es no.

“Dribbling” se estrenó en Valladolid, en el Cervantes, este diciembre pasado. Esa primera función iba a haber sido en Avilés, pero uno de los confinamientos perimetrales de este pasado otoño lo impidió. Ha merecido la pena, sin embargo, esperar para ver a estos dos actores trabajar tan duro para la tragedia de muerte y destrucción. Hubo aplausos. Y unos cuantos bravos.

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