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La hora de una faena deslucida

Un problema envenenado con el tiempo y heredado con el que toca lidiar minimizando daños

Sacaron el pañuelo blanco de avisos desde el palco de Bruselas en reiteradas ocasiones, pero los que vestían de luces decidieron esconderse en el burladero y mirar para el tendido. Y ahora el miura ya no es un novillo, sino un enorme morlaco ya crecido, cinqueño, peligroso por el pitón derecho –cuidado con los derechos de quienes llevan una pila de años como interinos de la administración– y peligroso por el izquierdo –cuidado con no herir el sagrado principio de la libre concurrencia en condiciones de igualdad a puestos públicos–.

Y entre pitón y pitón de semejante mamotreto astifino se sitúa el actual gobierno del Principado. Adrián Barbón y su cuadrilla, con protagonismo de su subalterno Juan Cofiño, han recibido un miura heredado, que ya hace tiempo que salió de toriles y ha crecido en el albero sin que nadie le metiese ni un mísero capotazo. Y ellos sí, por fin, parece que se atreven a posar sus zapatillas en la arena. El peligro acecha, pero no queda otra que afrontar una faena que, ante un miura ya inabordable, será deslucida.

Las dimensiones alcanzadas por el problema las lleva días dibujando este periódico. Opositores que aprobaron la prueba y llevan más de dos años esperando por ocupar su puesto en el Principado, cuyas plazas pertenecían, en algunos casos, a las ofertas de 2016 y 2017. Y centenares de interinos que fueron encadenando contratos temporales de forma fraudulenta, incluso durante décadas, engordando una tasa de interinidad de hasta el 30% en algunos sectores, cuando hay que reducirla al 8%. Tan obvio es que los opositores tienen derecho a acceder a sus puestos ganados en libre concurrencia como que los veteranos temporales –“eterninos”– se han labrado con años de carrera profesional llena de incertidumbre sus derechos laborales. Y atesoran una experiencia digna de valorar y aprovechar.

No hay solución mágica para un embrollo que se fue enredando durante varias legislaturas. Seguramente haya que intentar lograr la solución menos mala al conflicto y, de paso, abordar la reforma de la administración autonómica para aprender de los errores del pasado y no volver dejar crecer al miura. A Barbón y su cuadrilla les toca afrontar la faena y, tras tantos avisos, en los tendidos públicos el ambiente es tenso. La Puerta Grande se torna imposible. Toca no acabar en la enfermería.

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