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Tino Pertierra

Solo será un minuto

Tino Pertierra

Los plazos y las sombras

Virginia: “Siempre hay un buen motivo para los aplazamientos. Lo tengo tan claro que ya no me preocupo demasiado por recurrir a ellos constantemente. Todas mis decisiones, grandes y pequeñas, encuentran motivos más que suficientes para ser aparcadas hasta más adelante. Lo típico: te plantas y dices que hay que empezar ya la dieta, sí o sí, y cuando llega el día clave en el que pones coto al azúcar y los hidratos excesivos viene una compañera con unos pasteles para celebrar su cumpleaños y... bueno, lo dejas para el día siguiente, sabiendo que el paso de las horas solo servirá para ayudarte a amordazar tu promesa. Lo de apuntarte al gimnasio es un lugar común dentro de los retrasos justificados. Mira tú por dónde, el día en el que ibas a acercarte a uno para hacerte socia te levantaste con un dolor en la ingle tan intenso que parecía una señal del cuerpo para que desistieras de tus intenciones. Y qué me dices de la novela. Sí, sí, esa obra maestra de la literatura universal a la que llevas años dando largas. Primero, que si tienes que darle tiempo a la idea para que macere. Luego, que si los personajes necesitan un reposo para que adquieran consistencia. Y cuando llega el momento de sentarte sola frente a la pantalla en blanco, la vida conspira para alejarte de ella. Tengo que llamar a. Qué hambre, voy a prepararme un sandwich de tomate y pavo. Necesito dar una vuelta para esponjar las neuronas. ¿Cómo estará Luci? Voy a llamarla. En fin, todo tipo de excusas para no enfrentarte a la cruda realidad: no te apetece ponerte a prueba, no te atreves a reconocer que la novela, como tantas otras cosas, es un sueño falso, una vocación estéril, un fracaso sin huella. Y así transcurre la vida, alargando plazos con la certeza de que hay hipotecas que solo terminarás de pagar cuando ya nada importe”.

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