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JC Herrero

La España de Rota

La mediación USA-Spain para que Biden reciba a Pedro Sánchez

¿Está Biden?, que se ponga.

La geopolítica es un término equivalente al de “gallifante”. No hay estudios concretos que te titulen de geopolítico, o eres politólogo o geógrafo. Los antropólogos hicieron de ambas cosas para satisfacer el ansia expansionista de sus respectivos países. Había que internarse en las tribus, pactar con los grandes hombres, los “big man”, e imprescindible tener al “portero” que te adentre en el poblado sin levantar sospechas.

Aunque quieras ser geopolítico no depende de ti, como mucho puedes aspirar, en tu tribu, a ser un “big man”, figura estudiada por antropólogos como Marshall Sahlins o Godelier, en Polinesia y Papúa Nueva Guinea, es el Pacífico: el Hawái americano, vaya.

Los grandes hombres no es que manden mucho, lo que hacen es afinar la redistribución de cosechas y caza, regalan cerdos de vez en cuando, al cambio jugar con los impuestos, y sobre todo llevarse bien con tribus colindantes. La clave de su continuidad en la poltrona está en tener buena parentela, lo que en política actual serían los socios de gobierno.

Para hacer geopolítica de campo necesitas al “portero” que te introduzca. Así, si quieres que Biden te coja la llamada del móvil o lea tus wasap tienes que buscarte a alguien que medie.

Al respecto, confesaba nuestro cantante más internacional, Julio Iglesias, que en una ocasión retomó su papel de “portero” –lo fue con el Madrid– para que un ministro de Defensa español fuese recibido en los Estados Unidos. Julio se arrimaba a los grandes hombres: Bush, Clinton y hasta al mejor geopolítico, Kissinger. Al final, gracias a “Gwendolyne”, pero sobre todo a Willie Nelson y su “To All the Girls I’ve Loved Before” nos recibieron los yanquis. No hizo falta llevar ni cerdo ibérico ni nada, tal como exigen en el Pacífico. Con una cinta a la cabeza, a lo Willie, y camiseta de barras con estrellas te los ganas.

Dado que nuestro primer ministro es jugador de baloncesto, grande de estatura, y que Julio Iglesias no está para saltos, sería muy recomendable tirar de los Gasol, reintentar una canasta con la señora Robles. Para ello hay que bajar un balón encolado, ya en tiempos de Trump, encaramarse al aro. Por ejemplo, cocinar unas manitas de cerdo, que tanto triunfa en Polinesia, para alcanzar acuerdos. Para eso nos vendría de perlas el chef asturiano José Andrés, que haría de pívot, además se lleva de lujo con Biden. A saber si se repite la jugada que en su día facilitó el recibimiento al señor Bono.

La hindú Kamala Harris facilita las cosas. Presidiría mantel y mesa, ella disculparía los parientes del presidente, o sea, los socios de gobierno de Sánchez que querrán, lógicamente, acudir a la pitanza, aparcando ideologías. A Iglesias se le da bien el puesto de alero –ahí se suelen tirar las liras y los balones–. Los bases serán ERC y PNV. Estos cuatro socios son como los cuatro objetivos que persigue el hinduismo de Kamala: la ética, la prosperidad, las pasiones y la salvación, o sea el Karma: las acciones y sus consecuencias. Si convencemos a Julio, al final hasta tenemos guitarra y todo, con lo que, entre el básquet y un poco de patriotismo yanqui, la mediación está asegurada. Entre Biden y su vicepresidenta los espíritus secesionistas se diluirán, ya que la única Rota que los americanos conocen está en Cádiz, bastante es que nos pongan en el mapa.

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