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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Los lobos y los osos

Osos en Somiedo

Osos en Somiedo

La actualidad pone el punto de mira de la escopeta informativa en la silueta huidiza del lobo pero se muestra reacia a valorar los excesos de la población osera, que también los hay, aunque de menor cuantía. Uno oso provocó días atrás cierta mortandad de cabras enanas y ovejas en un modesto núcleo zoológico de Quirós, en la localidad de Cortes, el pueblo de San Melchor, sin encomendarse a Dios ni al diablo.

Conviene que la Administración regional haga pública la situación actual, en género y número, de una especie emblemática en peligro de extinción, para que se conozca de primera mano cuántos machos y cuántas hembras con cría perviven en la cordillera Cantábrica. Y si la población osera asturiana ha superado ya el umbral de supervivencia de la especie todos nos congratularíamos, porque supondría la constatación de un trabajo técnico de décadas bien ejecutado.

Desde los tiempos añejos de Caperucita, el lobo ha soportado mala prensa, en ocasiones bien ganada por los daños a la cabaña ganadera. El oso, sin embargo, se beneficia del buenismo natural, hasta el punto de haberse convertido en emblema sentimental de esta región, en referente de la conservación de la naturaleza y en ideal estampa turística. Muchos visitantes llegan al Suroccidente atraídos por la llamada de la presencia de esta especie. El éxito turístico de Asturias radica en que la mayoría regrese aunque se vaya sin haber avistado un solo plantígrado.

Ocurre que cada vez se ven más y en territorios más humanizados, lo cual conlleva riesgos. Un oso no es un lobo pero ni uno ni otro se rigen por un libro de instrucciones. Conviene explicar que un oso cantábrico no es un animal indefenso y bobalicón, como Yogui.

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