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Antonio Arias Rodríguez

Los nuevos “Pata Negra”

La transformación digital de las administraciones públicas

Pompidou debía ser un machista contumaz. Hizo famosa la frase: “Hay tres maneras de arruinarse: las mujeres, el juego y los técnicos. La primera es más placentera, la segunda más rápida y la tercera más segura”. No sé que pensaría el expresidente francés de la silenciosa revolución de la burocracia en aquellos ámbitos relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación.

La radical transformación que supone la digitalización en la actual sociedad del conocimiento afecta a todos los servicios públicos ¿Estamos los funcionarios preparados y formados en tal circunstancia?

Eso pensé cuando recibí un SMS en el móvil citándome en día, hora y lugar para vacunarme frente al covid. Me di cuenta de que algo estaba ocurriendo en las relaciones entre los gobiernos y los ciudadanos. Comprobé que ese cambio estaba consolidado cuando fui a la farmacia para adquirir un medicamento prescrito y no me pidieron receta porque su ordenador ya sabía que entregarme. Esperemos que el resto del sector público siga la misma senda que nuestra ejemplar sanidad.

El área económica de las instituciones fue la avanzadilla de los procedimientos automatizados durante la década pasada, fundamentalmente en la gestión de las facturas, siendo entonces la Agencia Tributaria pionera y una de las más avanzadas del mundo.

Ahora le ha tocado al resto. Se habla mucho de la administración electrónica (desde el 2 de abril, obligatoria para el 100% de los procedimientos) y de la dificultad de aplicarla en todas las organizaciones del sector público. Parece lógico que esa modernización se impulse desde arriba y permita claras mejoras en las herramientas de gestión, aunque existen las previsibles resistencias de nuestra jefatura más aristocrática o en aquellos ámbitos de las instituciones que ejercen cierto poder informal. Esos que en Asturias llamamos los “Pata negra”.

Mientras tanto, todos los sectores de la función pública se van adaptando, con mayor o menor dificultad a esta nueva realidad. En nuestra Administración, la formación jurídica está perdiendo cada día más protagonismo frente a los especialistas en la solución digital de los problemas públicos porque la modernización ya no es una opción. La consecuencia inmediata será la adaptación de los futuros programas de oposiciones y los conocimientos exigidos en ellos.

Hay que asumir ese nuevo escenario y remover las resistencias. Hace tres años que el Consejo General del Poder Judicial dictó una Instrucción recordando la obligatoriedad para jueces y magistrados del empleo de medios informáticos. Aquí en Asturias la Sala de lo Contencioso hace unos días ha comunicado que no aceptará de las administraciones más documentos en papel.

Hablando de innovación, el catedrático leonés Enrique López suele citar que “si quieres cambiar algo en un cementerio no esperes mucha ayuda de quienes están dentro”. Menudo ejemplo. Y me incluyo. Estos procesos nos hacen esclavos de los formularios electrónicos y todos intentamos escapar. En esta, como en otras áreas, los jefes deben dar ejemplo.

La sede electrónica debe permitir no sólo presentar o registrar documentos ante las diversas administraciones, sino una nueva forma de atender al ciudadano y saber “como va lo mío”, consultar expedientes y recibir notificaciones. Una transformación del servicio público enorme, que no será gratis ni sencilla, donde los empleados deberán hacer los informes y sus propuestas directamente en las plataformas para que puedan ser consultados por los interesados.

Recientemente, en una conversación con un funcionario de la Universidad de Valencia, observé en su tarjeta (digital) que era Técnico de Administración “electrónica”. Son los nuevos reyes de las organizaciones: ese talento que aumenta la productividad de todos quienes le rodean. Yo pertenezco a la era del Técnico de Administración “general”, con menor nivel de cultura digital, que enfrentamos un problema informático con la técnica más universal y sencilla, que paradójicamente funciona: apagar y volver a encender. Eso me hace pensar que los funcionarios actuales deberíamos “resetear” nuestros hábitos y forma de trabajar para estar a la altura de los tiempos y del teletrabajo.

Ya tenemos mucho camino andado. Existen evidencias claras de tales iniciativas. Termino con un ejemplo. Cuando los tecnólogos del Estado estaban modernizando esa joya que es la plataforma de contratación del sector público, hicieron la prueba final de funcionamiento mediante un ejemplo quijotesco: el “servicio de mantenimiento de la jaula de los leones feroces” por 3.500.000 de euros. Tras comprobar el proceso digital en todas las partes del expediente … ¡no pudieron borrarlo! Ni siquiera sus creadores informáticos (ponga aquel entrecomillado en el buscador web), lo que deja en bastante buen lugar la fiabilidad del sistema. Es una buena prueba de auditoría no poder alterar los registros. Ahí queda para la posteridad y sorpresa de investigadores ese primer apunte de la moderna licitación electrónica española.

Quien dijo que nuestra Alta Función Pública además de responsable, no es también divertida.

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