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José Manuel Ponte

El andamio que era balcón

La celebración del PP en la polémica sede de Génova 13

La política profesional permite unos lavados de imagen tan rápidos como eficaces. El 16 de febrero del presente año, el secretario general del PP , Pablo Casado, convocó a los medios para anunciar que ponía a la venta el edificio de Génova 13 para evitar que la sede oficial del partido se consolidase como símbolo de la corrupción. “ No debemos seguir –dijo entonces– en un edificio cuya reforma está siendo investigada por los tribunales”. Y no le faltaba razón. Las imágenes del edificio de Génova 13 solían ilustrar todas las informaciones relacionadas con el Partido Popular. Desde la celebración de las victorias electorales hasta los (cada vez más numerosos) casos de corrupción en que pudieran estar involucrados importantes jerarcas de la institución.

Allí, desde aquel balcón, que no era tal sino un andamio que cumplía funciones de arengario, se festejaron las dos victorias de Aznar con las masas adictas cantando en la calle aquello de “ Pujol enano habla castellano”. Y también las dos de Rajoy una vez superada la conspiración que tramaron contra él la señora Aguirre y destacados plumillas madrileños. Todo eso a la vista del público, aunque últimamente fue en el interior de los despachos donde se desarrollaron las actividades que dieron pie a la curiosidad de jueces y fiscales. Como las contabilidades dobles, o triples, del tesorero señor Barcenas, ese al que se retribuía con salarios excepcionales “en diferido” según quiso describirlos la señora De Cospedal. El listado de corruptelas, y supuestas corruptelas, es abrumador y es ocioso detallarlas aquí porque cualquier persona medianamente informada conocerá un buen número de ellas por los medios.

Pero la última, o penúltima trapacería, y quizás la que motivó al señor Casado para anunciar la venta del edificio de Génova, fueron las obras de reforma de la sede que, por cierto, también están siendo investigadas judicialmente. Todo eso, más las crecientes necesidades de financiación, y el fracaso electoral en el País Vasco y Cataluña, pueden haber influido negativamente en su ánimo. Aunque a la vista de acontecimientos posteriores habrá de reconocerse que se precipitó.

Acabo de ver en televisión la alegre imagen de militantes y simpatizantes del PP celebrando entusiasmados, ante el edificio de Génova 13, la arrolladora victoria de la señora Ayuso en las elecciones a la comunidad autónoma de Madrid. Y luego a la misma señora y al señor Casado saludando, desde el famoso andamio reconvertido en balcón, a la multitud que los aclama. Han transcurrido poco mas de tres meses desde aquel 16 de febrero y el panorama ha cambiado sustancialmente. En aquel tiempo, nadie daba un duro por el futuro político de Casado y el de la señora Ayuso tampoco suscitaba excesivo entusiasmo después de los trágicos sucesos acaecidos en las residencias de ancianos por causa de la pandemia. Pero todo eso ya es historia. La reelegida presidenta de Madrid supo conectar con la sensibilidad de la mayoría del electorado urbano prometiendo “Libertad” (al parecer había gente esclavizada), menos impuestos, terrazas donde tomarse unas cañitas de cerveza, atascos que son síntoma de prosperidad y cosas parecidas . Al “estilo de Madrid” que, como todos los provincianos sabemos, es lo mejor de España. Visto lo visto, hay que animar al señor Casado a que desista de vender la sede de Génova 13. La gente la quiere como es, incluido el andamio reconvertido en balcón.

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