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Matías Vallés

Sanchismo o sanchopancismo

La victoria electoral de Ayuso

Los expertos que en vísperas otorgaban opciones a la izquierda, 85 a 15, no solo han sido los primeros en comprender la victoria aplastante de Díaz Ayuso, sino en interpretarla con sabiduría. El PSOE en cambio se ha comprometido a no aprender nada, y habla de Madrid como si fuera Letonia. Los socialistas deberían presumir de que a Gabilondo le han votado todas las personas que le conocen, con lo cual serían magníficos sus 600.000 sufragios. En tal caso, la ganadora fue votada por todos aquellos que la desconocen, camino de los dos millones.

Desde la conciencia de un triunfo evidente antes de la convocatoria electoral, aunque ensanchado por los errores socialistas, se puede mantener la estupefacción frente al grosero discurso de aceptación de Ayuso, en el tono y en el verbo. Le sustenta la agresión constante, el sanchismo ha sido derrotado por el sanchopancismo del refranero y las cuchufletas. Y dado que las elecciones en pandemia comportan un elemento de supervivencia física próximo a la resurrección, la ganadora recicla las críticas a su favor. También han votado al PP los familiares de los muertos por la covid, a menudo en condiciones inhumanas. Un triunfo de tal magnitud no se consolida sin el sufragio del personal sanitario, que tuvo que protegerse con bolsas de basura de los embates iniciales de la covid.

El interrogante electoral obsesivo ahora mismo en Francia plantea por qué los pobres votan a la derecha. En lugar de atacar con nombres y apellidos a la Calle Serrano, como hizo el líder del sanchismo en el cierre de campaña, Sánchez debió centrarse en recuperar los feudos izquierdistas copados por el enemigo. Los progresistas han olvidado la regla básica de la pandemia en curso, porque el coronavirus sanchopancista se aprovecha de un exceso de belicosidad contra su irrupción en el cuerpo humano, volviendo esta sobrecarga contra su anfitrión.

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