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Luis M Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

El estado de ánimo

El estado de ánimo se identifica normalmente con el de las cosas que pasan. En estos momentos supone la aspiración de vivir durante y tras la pandemia. Sánchez, se mire por donde se mire, principal responsable de la debacle de la izquierda en Madrid y de un posible trasvase de la opinión pública en general, ha dicho que el fracaso de su estrategia se debe a no haber sabido conectar con ese estado de ánimo y a los fallos en la comunicación. Es norma atribuirlo todo o casi todo a la comunicación, como si esta fuera la única herramienta de la que disponen los políticos frente a los ciudadanos, por encima de la gestión, la sensatez y la verdad. La comunicación, la propaganda, el relato, parecen ser lo único que importa.

Hace ya tiempo que la clase dirigente política está desconectada del estado de ánimo de los ciudadanos y se muestra incapaz de asimilar sus verdaderas prioridades. Por eso, cuando alguien como Ayuso establece esa conexión, o al menos aparenta establecerla de manera convincente, se produce el fenómeno multiplicador del voto de Madrid. No solo en la derecha y en el centro; la presidenta de la comunidad madrileña, además del apoyo acólito, ha recibido el de los vecinos que vieron en ella la suficiente determinación para combatir esa falta de sintonía con el estado de ánimo a que se refiere Sánchez y que tiene que ver, ya digo, con el instinto de supervivencia de las personas en una situación especialmente crítica en cuanto a salud y empobrecimiento. También ha contado con el apoyo de los que supieron percibir desde el primer momento el intento de los adversarios de Ayuso de frenar la convocatoria electoral y, acto seguido, una falaz campaña volcada en la animadversión personal, en la desproporcionada y belicosa propaganda antifascista y no en los verdaderos problemas de los madrileños. El estado de ánimo no estaba ni está para esas cosas.

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