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Francisco Sosa Wagner

Meditación de Juan Sebastián Bach

Las acusaciones de racismo y colonialismo en la música del autor de los “Conciertos de Brandemburgo”

Ilustración de Carla G. Ríos

Ilustración de Carla G. Ríos

Hasta ahora he vivido en el cielo de los elogios y de la admiración de todos, he sido el genio de la música, el innovador, el artista que abre una nueva era en este arte que viene de la noche de los tiempos, el excelso maestro de capilla de la gran Iglesia de Santo Tomás en Leipzig … He sido en definitiva un acaparador de alabanzas, incluso desmesuradas para una persona modesta como yo soy.

Mis obras se han oído y se siguen oyendo en todos los grandes escenarios del mundo, algunas incluso como los “Conciertos de Brandemburgo” los tocan músicos callejeros en cualquier esquina de cualquier ciudad y, ante sus acordes, los transeúntes, acariciados por mis melodías tan populares, se inclinan y dejan un óbolo en el platillo de los artistas que interpretan mis partituras.

¿Se puede pedir mayor reconocimiento? Así, acogido por todos y querido por todos, he pasado siglos.

Y sin embargo … cuando menos lo esperaba, cuando creía que mis credenciales de genio indiscutido estaban ya más que contrastadas en todos los continentes, de pronto se suscita la cuestión entre gentes modernas del racismo y el colonialismo que esconde mi música.

Puede parecer raro pero estas afirmaciones o acusaciones las he visto, primero en los periódicos de mi propia tierra, en Alemania, pero desde allí han viajado hasta otros países, incluso en algunas Universidades prestigiosas se han celebrado debates acerca de esta nueva perspectiva de mi música en la que hasta ahora nadie había reparado. Yo, asombrado, he preguntado en este Olimpo donde vivo a otros grandes compositores, me he informado cerca de Beethoven si él está también siendo objeto de críticas y descalificaciones.

–Así es, querido Juan Sebastián –me ha dicho este hombre que sigue en la eternidad sordo, al igual que estuvo en la Tierra.

–Las sinfonías tan hermosas que escribiste, la Pastoral, que es un canto ecológico ¿tiene detractores?

–Los tiene. Soy un racista y un colonizador blanco que impone criterios estéticos con autoritarismo y usando ventajas inaceptables que me dio la civilización en la que nací y viví.

–Pues es curioso –respondió Juan Sebastián Bach– esas son las mismas inculpaciones que he leído respecto de mis cantatas, de mis misas, de mis fugas, del “Clave bien temperado” …

–Lo que se afirma –precisó Ludwig– es que nuestros nombres son sinónimos de opresión de las razas que no son blancas y de que en general somos los representantes de una historia de represiones infames.

–Así lo aseguran en efecto sesudos profesores de las Universidades y así lo aplauden muchos jóvenes que se conjuran para denunciar el fraude civilizatorio que hemos perpetrado.

Contritos, Bach y Beethoven, decidieron hablar con Mozart.

–Yo soy aún peor, me acusan de homófobo porque escribí “Cosí fan tutte” donde hago afirmaciones sobre las mujeres que ahora no son correctas. Y también en “Las Bodas de Fígaro” y en muchos de mis conciertos se ve la mano del explotador blanco que he sido.

Los tres han decidido seguir indagando entre los compositores italianos, los franceses y los ingleses para dar vueltas a los pecados que cometieron y ver de enmendar algunos de sus yerros históricos.

De momento, para expiar sus pecados, están escuchando la música de grupos modernos como “Loquillo, el del flequillo”, “El clítoris reventón” y “Los masturbados”.

No entienden nada pero en ello están.

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