Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Tino Pertierra

Asaltar los pelos

Daño nuevo, imagen nueva. Pablo Iglesias dejó el juego de tronos monclovita para acudir al rescate de sus fuerzas en la batalla de Madrid y salió trasquilado. Nunca peor dicho. A sus enemigos les ha quitado la hiel capilar de los labios: ya no podrán referirse a él machaconamente como “el coletas”, aunque les queda suficiente munición faltosa en sus zurrones para seguir sustituyendo argumentos por insultos. A Iglesias siempre le gustó hacer(se) el pijo y tan pronto se presentaba en la alfombra roja de los “Goya” con esmoquin como fardaba de indumentaria sin mangas: “Hemos empezado por nacionalizar el fachaleco, pero vamos a expropiarles todo lo demás”. Ocurrencias de parvulario más que mensaje patibulario, pellizcos triviales para atizar el ruedo de las redes (a)sociales, un trapo rojo para miuras embravecidos. A la espera de conocer su destino (mediático, dicen), el hombre que quiso asaltar los cielos va preparando con ruego amigo su deslizamiento estético hacia posiciones menos calurosas y clásicas, hasta el moño de la política de moquetas en la que ha demostrado no tener caparazón galapagar y sí una piel muy fina.

Compartir el artículo

stats