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Joaquín Rábago

Silenciar a los medios

El ataque israelí a AP y Al Jazeera

Israel ha reducido a escombros el edificio de Gaza donde trabajaban los periodistas de la agencia de prensa estadounidense Associated Press y la emisora de televisión qatarí Al Jazeera, además de los de varios medios locales. Como en otros edificios derribados por las Fuerzas Armadas judías en su ofensiva contra esa prisión a cielo abierto que es la franja de Gaza, en él vivían también familias palestinas con las que los periodistas se topaban todos los días al acudir a su trabajo.

Esa acción de represalia le recordó inevitablemente a este columnista el bombardeo, en abril de 1999, de la sede de la Radiotelevisión serbia por la OTAN en Belgrado, algo que los líderes occidentales justificaron entonces por servir la emisora de instrumento de propaganda nacionalista para el régimen de Slobodan Milosevic. En aquel bombardeo, condenado enérgicamente por Amnistía Internacional, según la cual “el ataque deliberado a un edificio civil constituye un crimen de guerra”, murieron dieciséis empleados de la emisora. Esta vez, el Estado judío había avisado de que iba a derribar el edificio de Gaza para que sus ocupantes pudieran abandonarlo rápidamente. ¡Gracias, Israel!

El pretexto aducido por el Gobierno israelí es que en él había “activos” de Hamás, la organización terrorista que estaba lanzando sus misiles contra Jerusalén, Tel Aviv y otras ciudades. Sea como fuere, lo que está claro es que Israel ha querido sobre todo silenciar a los medios internacionales que informan sobre la situación en un territorio gobernado por Hamás, a cuyos dos millones de habitantes mantiene cruelmente aislados por tierra, mar y aire desde hace quince años.

¿Cómo no entender la desesperación de los gazatíes por ese castigo colectivo, contrario al derecho internacional humanitario? Pero es evidente por su diario comportamiento tanto allí como en la Cisjordania ocupada que, gracias a la tolerancia de EE UU, a Israel le importado un bledo ese derecho.

El corresponsal en Gaza de la emisora qatarí y el equipo que con él trabaja no interrumpieron, sin embargo, ni un momento su cobertura de lo que sucede en ese territorio, sin dejarse arredrar por las bombas israelíes. La Casa Blanca se limitó a informar de que se había hablado con el Gobierno israelí para explicarle que es de “la máxima responsabilidad garantizar la seguridad de los periodistas y los medios independientes”.

Palabras hueras como las del propio presidente Joe Biden, quien, pese a las presiones de algunos legisladores demócratas, ha vuelto a dejar claro que con independencia de quién gobierne EE UU, Washington no está dispuesto a modificar su postura favorable a un Israel, su principal ariete en la región. Como patética es la admisión del Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la UE, Josep Borrell, de que los Veintisiete no tienen “desde hace tiempo” capacidad para resolver la tensión en Oriente Medio. Con tales mediadores internacionales, ¡pobres palestinos!

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