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Manuel Herrero Montoto

Luz en el socavón

El desastre de Annual, recuperado en la obra póstuma de Jorge M. Reverte

Ahí están los libros. El recurso por excelencia de nuestra civilización. Sin ellos no seríamos capaces de dar un paso. Brújula y luz del camino. Si ves un socavón, apunta con la linterna de hojas encuadernadas a su interior y seguro que desenmascaras alguna verdad escondida. Hay verdades que sonrojan a sus protagonistas y no interesa que la Historia se haga eco ni de ellos ni de sus actuaciones. Y dicho esto, denuncio a los profesores de Historia de mi juventud, pongamos años sesenta, maestros en abrir socavones en nuestra lamentable historia del siglo XIX y primera mitad de XX. Quedamos in albis de los avatares históricos de esos años, además, no entraban en el examen. Con la lista de los reyes godos y consignas triunfalistas como “esto es España y lo demás tierra conquistada” o “en el Imperio Español nunca se pone el sol”, suficiente para el notable. Las lecciones en las que la sombra ganaba terreno al sol no aparecían en el programa o, qué casualidad, coincidían con el final de curso. Del siglo XIX sólo me viene a la memoria un general, de nombre Espartero, que montaba un caballo de testículos modélicos. También recuerdo a un capitán general, un tal Prim, que balearon con saña cuando paseaba en su carruaje por la calle del Turco, en Madrid. Crimen aún por resolver. Como ven, las historias de la Historia con las que nos ilustraron el siglo XIX no se olvidan, los huevos del equino y los disparos a Prim. Eso sí, nos quedamos sin saber, y aquí entran en juego los socavones, cómo recuperaron sus tierras los mambises, los tagalos y los rifeños, y se liberaron del yugo hispano. Ese capítulo ocupó media página en el tocho de Historia: los indígenas eran muy salvajes, muy infieles, muy sanguinarios.

Pero insisto, ahí están los libros. Los de verdad. Acaba de salir a escena la obra póstuma de Jorge M. Reverte, “El vuelo de los buitres” (Galaxia Gutenberg). Jorge fue un escritor y periodista que amaba la paz y dedicó gran parte de su obra al estudio y análisis de las miserias de la guerra civil española. Objetivo del autor: destripar la barbaridad humana para que no caigamos en la tentación de repetir jugada. De él leí “Hijos de la guerra”, “El arte de matar”, “La División Azul”, “La furia y el silencio” (sobre la huelga minera de Asturias en 1962) y “La matanza de Atocha”, hay más obras, muchas más, casi tantas como socavones. Si el amor da cancha a la pluma, el odio ni te cuento. Y Jorge nos cuenta.

En su libro póstumo, “El vuelo de los buitres”, investiga sobre el desastre de Annual y la guerra del Rif. Con la asistencia de los agujeros oscuros, nuestros profesores de Historia nos hicieron creer que los cristianos salíamos siempre victoriosos de las guerras contra los moros. En “El vuelo de los buitres” Jorge te lleva de la mano por los recovecos del socavón del desastre de Annual, el foco de su pluma desvela las causas y consecuencias de una derrota sin precedentes del ejército español, cerca de 12.000 soldados sirvieron de pasto a los buitres que sobrevolaban la cordillera del Rif. Paso a paso, agotando tintero, Jorge te describe cómo la obstinación y la arrogancia de los mandos cristianos sirvieron en bandeja al moro astuto Abd el-Krim su victoria más sonada. La onda expansiva del desastre o desbandada de Annual alcanza la capital del Reino, lo que anima al general Primo de Rivera a seguir la tradición del golpe de Estado, tan nuestra, e inaugura una dictadura con rey. Matrimonio de conveniencia que terminó como el rosario de la aurora. Al general golpista se lo llevó la diabetes y el rey Alfonso XIII se fue a París papá a cuidarse de los apaches.

Jorge M. Reverte nos relata de forma magistral el desastre o desbandada de Annual, un socavón que pretendía esconder uno de los episodios más penosos de nuestra Historia, con miles de muertos al servicio de la inutilidad, en una guerra colonial carente de sentido. Los únicos que salieron ganando fueron los buitres.

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