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Carmen Pérez Novo

Crematomanía

La obsesión de algunas personas por acumular riquezas

Seguramente muchas personas nunca han oído hablar de la crematomanía, aunque sí conocen las consecuencias de su significado. Y si no, sigan leyendo. La crematomanía es el deseo obsesivo por acumular dinero y riquezas. Las personas que sufren esta patología difícil de tratar, esta adicción al dinero, responden a un perfil muy marcado por el interés personal y las ansias de reconocimiento social y profesional.

Tienden a anteponer cualquier cosa, con tal de aumentar sus riquezas, ya sea familiares, amigos, entorno o valores. Todo lo que no sirve a sus intereses es rechazado o cuando menos menospreciado sistemáticamente. Esta patología es de difícil abordaje y muy frecuente dada la excesiva idolatría que algunos tienen al dinero y lo que su posesión conlleva. Qué duda cabe que el dinero es un objetivo deseable, ya que lo necesitamos en el transcurrir en este planeta Tierra. Pero, claro, en una medida normal.

El problema puede surgir cuando algunas personas acumulan poder político, económico o similar, sin ningún tipo de control, trasparencia, responsabilidad o rendición de cuentas. Y llevan una vida de superlujo y poder absoluto. Tenemos el caso de Juan Carlos I. Ha estado rodeado de palmeros que le han hecho la pelota, reído sus chistes a diestro y siniestro, con un sueldo inmenso en comparación al que percibimos el resto de los españoles, que hemos tenido que esforzarnos, estudiar horas y horas y trabajar y prepararnos a tope para ejercer nuestra profesión. Y, aunque es cierto que se le ha acusado y saltado a la torera la presunción de inocencia, el primero en hacerlo ha sido su hijo, despojándolo de la asignación económica. Porque se han contado de él barbaridades. Es cierto que la vida privada de cada uno debe estar desligada de la profesional. Pero, señoras y señores, ¿no les parece que la ejemplaridad se debe tener cuando se ejerce cualquier trabajo que depende del erario público?

Aunque esto no es lo que funciona en nuestro país, a juzgar por la cantidad de políticos que están en la cárcel y otros tantos intentando arreglar los problemas con la justicia por haberse apoderado o malgastado el dinero del erario público ¡Qué finales tan tristes! Pero estas personas se lo han buscado. Sin duda, el dinero es necesario. Lo inquietante y peligroso es el procedimiento de que se valen algunas personas para ganarlo. Porque la semilla del dinero, en definitiva, es el servicio.

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