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Enternecerse

La voluntaria insultada por ayudar a un inmigrante

Soy de ternura fácil, si es que esa expresión existiese. Vamos, que no me cuesta ni tengo ningún tipo de pudor a la hora de manifestar mis emociones o mis sentimientos, si algo me produce alegría se nota, y si me provoca tristeza, pues también. Durante un tiempo se cuestionaba si eso era un signo de debilidad o de incapacidad de liderazgo, pero parece que esos estereotipos absurdos y fundamentados en una construcción social que tenía que ver con la “ley del más fuerte” se van superando y de ahí que, cada vez más, se aborde la inteligencia emocional en los centros educativos o en las empresas. Hemos pasado de un estilo agresivo, de ser humano impávido a otro en el que prevalece la gestión emocional propia y del grupo de trabajo en el que estemos. O, al menos, eso dicen.

Sin embargo, parece que hay personas a las que se les olvida lo de enternecerse, lo de sentir empatía, compasión, y así, leía con una mezcla de estupor, rabia y enfado los insultos que había recibido la voluntaria de la Cruz Roja que, en un gesto lleno de humanidad y ternura, había abrazado a aquel muchacho que se aferraba a ella en aquella playa que se había convertido en un lugar dantesco en solo cuestión de horas.

Quienes hayan visto la escena completa, habrán comprobado lo espontáneo y lo generoso de aquel gesto, de aquel abrazo, de aquel signo de humanidad. Y pongo ese ejemplo como podía poner otros que hemos visto estos días o durante la pandemia o en las “colas del hambre” o, por desgracia, en muchas otras situaciones en las que toca enternecerse porque si no estaríamos perdiendo nuestra esencia como personas.

Siempre pienso en la responsabilidad tan grande que tenemos quienes nos dedicamos a la educación, y al mismo tiempo, me aterra ver como hay jóvenes que parece que han perdido su capacidad de enternecerse y muestran una dureza en sus gestos o en sus palabras que me resulta incomprensible e insoportable. La otra cara de la moneda son todos aquellos chicos y chicas que, como Luna, hacen voluntariado, colaboran en cientos de causas que ayudan a que este mundo sea un poco mejor, o simplemente, van por la vida con una actitud de brazos y mente abierta. Así que supongo que algo estaremos haciendo bien, pero también hay algo que falla y debemos hacer autocrítica sobre si toleramos o dejamos pasar una “bromita”, un chiste o un insulto que oculta detrás toda esa rabia que no se sabe muy bien ni de dónde viene ni hacia dónde va. Tal vez lo que deberíamos enseñar y transmitir es que somos muy afortunados porque estamos en el lado de dar consuelo y no de ser consolados y no dejar pasar esas “pequeñas cosas”.

En este año tan duro para el mundo, ha habido y hay muchas personas que siguen haciendo que nos podamos enternecer, quiero creer que significa que nuestro corazón sigue latiendo. A todas ellas, gracias.

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