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Amartya Sen y su India en el mundo

Las influencias vitales del último premio “Princesa” de Ciencias Sociales según los promotores de su candidatura

El homenaje que se puede rendir a Amartya Sen, recientemente galardonado con el premio “Princesa” de Asturias de Ciencias Sociales, adopta para mí el formato de un breve relato sobre esta figura que nació en Santiniketan en 1933, donde no casualmente Rabindranath Tagore (1861-1941) realizó el sueño de crear su propia escuela experimental en 1901, tras pasar diez años compartiendo la vida rural en el campo bengalí entre 1891 y 1901. Este proyecto se acabó convirtiendo en la universidad Visva-Bharati, gracias sobre todo al dinero que obtuvo su fundador al ganar el premio Nobel en 1913, pasando a ser una de las universidades más influyentes de la India. El economista Amartya Kumar Sen, el cineasta Satyajit Rai, del que se celebra este año el centenario de su nacimiento, y el historiador del arte R. Siva Kumar son algunos de los que estudiaron en sus aulas. Quizá estos antecedentes hayan contribuido a que este académico, economista, sea un filósofo y un humanista que ha reivindicado la necesidad del pensamiento crítico a lo largo de toda su trayectoria para abordar temas clave como la pobreza, el hambre, la desigualdad y la injusticia, no sólo como la eterna epidemia de la India sino de la sociedad global actual. Lo que une a Amartya Sen y a Tagore es primero Santiniketan, y después el premio Nobel que Tagore recibió en 1913 y Sen en 1998.

Pero quizá más que estas y otras coincidencias, lo que les une se percibe en el retrato que hace Sen del poeta, escritor y pensador hindú en Tagore y su India, que se publicó por primera vez el 28 de agosto de 2001 en el “New York Review of Books” y que Casa Asia recogió en el libro “Oriente y Occidente en la India de los siglos XX y XXI” (2004). De hecho, el texto es un espejo en el que se mira la cultura india y se mira el propio autor sin hablar de sí mismo. Sen escribió las palabras más brillantes que se han dicho jamás sobre Tagore, al que recupera ante la proximidad de la celebración del cincuenta aniversario de la independencia de la India, contra la creación que hizo Occidente de esta figura, como un místico portador de una sabiduría exótica, admirado por Yeats y Pound, los mismos que después lo impugnaron y eclipsaron. La crítica a la brutalidad de la administración británica fue radical por su parte y Sen menciona el mensaje contenido en “Crisis de la civilización” para diferenciar el imperialismo colonial policial que dominaba la India, al que Tagore se oponía radicalmente, y la civilización de Occidente, que en su 80 cumpleaños antes de su muerte, vio en ruinas formando un montón de polvo. Pese a su decepción, Tagore dijo esperar el fin del Holocausto y no cometer el pecado de perder la fe en el hombre. Esta misma esperanza atraviesa los escritos de Amartya Sen, un defensor de la libertad como Tagore, entendiendo por un lado el desarrollo como un proceso integrador de expansión de libertades sustantivas que se conectan entre sí y, por otro, como objetivo para erradicar la pobreza y el hambre. Lo cual no puede producirse sino es en base a una cultura política que capacite la participación de la ciudadanía, teniendo en cuenta la diversidad social y de género, en el control de la toma de decisiones de sus políticos tras ganar unas elecciones.

La postura de Sen se aproxima a la de Tagore en cuanto a su reflexión sobre los problemas domésticos de su país, que entiende sin solución a no ser globalmente, lo que le lleva a remontarse hasta las matanzas entre hindúes y musulmanes antes de la Independencia y de la Partición de la India. Esto me hizo reflexionar –dice– sobre la carga terrible de las identidades rígidamente definidas, incluyendo aquellas basadas firmemente en comunidades y grupos (…), pero también me hizo ver que la ausencia de libertad económica puede generar ausencia de libertad social, y lo mismo a la inversa. Su mensaje demuestra la necesidad de que economía y ética deben ser inseparables para poder arrancar las raíces de la pobreza y del hambre, como aquella que causó alrededor de tres millones de víctimas en Bengala en 1943. Pero Sen no sólo habla de la India sino del mundo en la sociedad global actual en la que vivimos y donde fenómenos como este se repiten todos los días.

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