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Vicente Montes

Tensar la goma y cálculo electoral

El posible indulto a los líderes separatistas eleva la discrepancia política | El Gobierno regional necesita algún espaldarazo de Madrid | Podemos, cogobierno y oposición | El tono de Canteli

La inestable materia que conforma el panorama político hace que cada acontecimiento dibuje nuevos escenarios y perspectivas. El gobierno de Pedro Sánchez ha descubierto últimamente el valor de los “globos sonda”, una práctica bastante antigua que consiste en lanzar mensajes, ver cómo bulle la cazuela y optar entonces por avivar o reducir el fuego. En el perdón parcial de los condenados por el procés parece, en cambio, haber una voluntad clara del Ejecutivo por llevarlo a cabo, en parte también por asentar la estabilidad del Gobierno para lo que queda de legislatura, a sabiendas de que el Partido Popular está ganando terreno en las encuestas. De hacer algo incómodo, mejor cuanto antes para no alargar el debate y sus consecuencias hasta el final de la legislatura.

El asunto volverá a tensar la goma de la crispación y la polaridad política, aunque algunos ya son más conscientes de que se pisa terreno movedizo. Por ejemplo, la convocatoria de una manifestación en la madrileña plaza de Colón para el próximo 13 de junio contra la medida de gracia trata de plantearse como una reedición de aquella fotografía que, en el mismo escenario, juntaba a los líderes del PP, Ciudadanos y Vox. Pero esta vez al menos Inés Arrimadas no parece tan dispuesta a hacer un posado y al PP le convendría también marcar distancias con Abascal si no quiere añadir confusión a su electorado.

Los socialistas son conscientes de que el indulto, aunque parcial, es una medida incómoda desde el punto de vista electoral. Se han encargado de señalarlo algunos de los barones menos sanchistas y que suelen ser el contrapunto interno a las decisiones del Gobierno. Pero no parece que Pedro Sánchez vaya a tener ninguna rebelión interna, si bien los dirigentes territoriales son conscientes de que los tropiezos de Sánchez también tienen consecuencias en sus territorios y en la imagen de sus gobiernos: más a medida que va asentándose el relato dicotómico de “Sánchez o no-Sánchez” que el PP va construyendo en beneficio propio.

También todo eso tiene sus efectos en Asturias. El gobierno regional de Adrián Barbón ha visto cómo de peligroso puede ser que se asiente la idea de que el Ejecutivo asturiano no tiene peso en Madrid y que más que “sucursalista” lo que ocurre es que sus reclamaciones ni siquiera son escuchadas o tenidas en cuenta. El Gobierno regional fía a decisiones próximas la constatación de que es falso afirmar que los problemas de Asturias no interesan en La Moncloa, pero lo cierto es que pocas veces se ha visto en los ministros de Pedro Sánchez interés y preocupación por los efectos que en Asturias tendrá, pongamos por caso, la descarbonización. Tampoco desde hace tiempo se escucha a Adriana Lastra, aquella voz que, según el PSOE asturiano, sería tan influyente y determinante en la defensa de los intereses de Asturias, más incluso que tener a ningún asturiano o asturiana en el Consejo de Ministros.

Del modo que sea, el Gobierno regional necesita pronto ir recogiendo una cosecha de buenas noticias y decisiones positivas para poder encarrilar la segunda parte de la legislatura. Si no, continuará enfrentándose al discurso de la poca influencia que repiten todos los partidos de la oposición. Incluso Podemos, pese a que su partido también forma parte de gobierno de Sánchez pero que actúa como si esa circunstancia le resultase ajena. Izquierda Unida está dispuesta a sacar punta a esta circunstancia al pretender convertir a la vicepresidenta tercera Yolanda Díaz en su interlocutor ante las necesidades de Asturias.

En todo caso, los aún lejanos horizontes electorales ya asoman. Especialmente llamativa fue la intervención del alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, en el acto organizado por el Gobierno para conmemorar el 25 de mayo de 1808. Canteli se alejaba de la estrategia política del PP de pisar el acelerador de la tensión hacia los socialistas. Incluso, de manera explícita, venía a señalar que él no estaba de acuerdo con esa posición y venía a poner en entredicho el escaso entendimiento que existe entre el presidente del Principado, Adrián Barbón, y la presidenta del PP de Asturias, Teresa Mallada. La ausencia de Mallada en ese acto resultó significativa. Lo cierto es que el futuro del Partido Popular de Oviedo no se antoja pacífico.

Al tiempo, asistiremos a la creciente sensación de que la pandemia ya es cosa del pasado y el Gobierno regional enfriará cualquier afán por hacer retoques en su estructura hasta que concluya el curso.

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