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Daniel Capó

Ejemplos de resiliencia

No siempre lo nuevo es lo mejor

La fidelidad es el sello de la tradición. La empresa más antigua del mundo, Kongō Gumi, fue fundada en el año 578 d. C., cuando los visigodos reinaban en España. Es una marca japonesa especializada en la construcción y rehabilitación de templos budistas, que se mantuvo durante cincuenta generaciones en manos de una misma familia que llegó al país con el fundador de la compañía, el carpintero coreano Shigetsu Kongō. Kongō levantó en Ikaruga la pagoda de madera más antigua que se sostiene en pie. A lo largo de quince siglos, Kong Gumi ha mantenido y construido innumerables edificios religiosos o civiles. En 2006, aquejada por una fuerte crisis, la milenaria empresa perdió su independencia y fue adquirida por el grupo industrial Takamatsu, aunque su leyenda y fiabilidad perduran como una garantía entre la ciudadanía. Algunos de sus lemas internos incidían en la importancia de preservar esta relación, al subrayar la importancia de no engañar al cliente con un presupuesto inflado o falsamente reducido. Calidad y confianza explican su éxito, al igual que la letra menuda de su fidelidad a una tradición que mira tanto al pasado como hacia el futuro.

Kong Gumi constituye un caso extremo –aunque no único– de perdurabilidad. Podríamos encontrar ejemplos similares en algunas religiones, dinastías monárquicas o incluso en algunos países, como China. El papado lleva dos mil años reinando sobre la Iglesia. En Italia, empresas especializadas en cristal de Murano –como Barovier & Toso– o en banca –como Monte dei Paschi di Siena– fueron fundadas hace siglos. Se dice que la británica The Royal Mint se inauguró en el año 886 y que Sean’s Bar de Irlanda empezó en el 900. En Palma, el Forn de la Glòria aparece citado ya en el Llibre del Repartiment del rey Jaume I en pleno siglo XIII, aunque la referencia más directa sea de 1717. La Casa de Ganaderos de Zaragoza, también fundada por Jaume I en 1218, se dice que es la empresa más antigua de España que sigue en activo.

¿Cuál es la clave de su éxito? Cabe pensar que la calidad y seguramente algo de suerte, pero también la fidelidad ligada al valor de una tradición determinada, por mucho que las circunstancias y las necesidades obliguen a su constante actualización. Lo cual nos debería invitar a poner en duda las bondades de la novolatría –concepto también antiguo, que se debe a un cortesano de los Reyes Católicos: el humanista Pedro Mártir de Anglería–, la cual considera que cualquier novedad, por el mero hecho de serlo, mejora lo antiguo. No es así, como comprobamos diariamente en multitud de campos. ¿Es mejor el servicio de los bancos o de las aseguradoras de hoy en día que los de hace treinta años? ¿Es mejor la escuela actual? ¿Son los salarios de los trabajadores de hoy proporcionalmente superiores a los de hace unas décadas? ¿Qué aporta la dictadura de la burocratización al buen funcionamiento de una sociedad? ¿Y la mutación constante de los valores? Como suele suceder, no hay una única respuesta a estas preguntas.

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