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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

El veneno del indulto

En una reunión de notables al abrigo de una sombrilla en la playa de Cuevas, mientras se debate a cuenta del previsible indulto político en favor de una recua de delincuentes sediciosos, uno de los contendientes, el único, por la edad, pendiente de someterse al rito de la vacunación, seguramente inducido a la vehemencia de la juventud, considera que “en Rusia el problema Puigdemont hubiera durado un minuto: lo hubieran resuelto los servicios secretos mediante envenenamiento”.

Podría decirse que la mayoría de los grandes cadáveres de la historia almacenan arsénico en sus venas. En adelante, polonio 210, sustancia extremadamente tóxica y altamente radiactiva que científicos franceses y suizos rastrearon en su día en los restos mortales de Arafat, ilustre cadáver. Mi buen amigo rememora el caso del exespía Litvinenko, antiguo miembro del KGB que fue envenenado en un hotel del centro de Londres mediante esa misma sustancia supuestamente administrada en una taza de té.

En la antigüedad, los Borgia fueron maestros del arte de la perpetuación en el poder por medio de la eliminación de enemigos a base de medidas dosis de ponzoñas bebedizas. Los servicios secretos han sustituido a la sabiduría florentina en el ejercicio del envenenamiento; a las esposas despechadas y a las madamas de Bovary. El afán de desenterrar muertos y remover fosas es hábito frecuente en nuestro tiempo, sin necesidad de graves desórdenes gastrointestinales y convulsiones de por medio.

El caso es que el Gobierno ha decidido, contra el criterio de los jueces, rehabilitar a delincuentes que rechazan cualquier atisbo de arrepentimiento. Ni tanto ni tan calvo. Ni polonio, ni que se vayan de rositas los del “procés”. Pero que no nos tomen el pelo con medidas de gracia que parecen un chiste contra el Estado de derecho.

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