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Fernando Monreal

Cita con el Día Mundial del Cáncer de Próstata

Tan señalada efeméride se celebra el 11 de junio. Estamos ante el tumor maligno más frecuentemente diagnosticado en los varones, en los países desarrollados, con unos 35.126 casos nuevos, en 2020, en España, según datos del registro de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Y, en cuanto a fallecimientos, es la segunda causa de muerte por cáncer en los varones.

Sabemos que, la probabilidad de padecer un tumor de próstata aumenta con la edad, siendo raro antes de los 40 años (en estos casos es más agresivo); la edad media en el momento del diagnóstico ronda los 74 años. Y se estima (así lo confirman trabajos realizados en autopsias de fallecidos por cualquier motivo), que más de la mitad de los hombres mayores de 60 años tiene células malignas en su próstata sin que se hayan desarrollado lo suficiente como para perjudicar su salud.

Hoy en día la supervivencia de pacientes con cáncer de próstata avanzado se ha triplicado en los últimos 15 años gracias al desarrollo de nuevos agentes hormonales, quimioterapia o radiofármacos, pasando de 12-18 meses en 2005, cuando solo se disponía de quimioterapia, a los 32-36 meses a fecha de hoy, lo cual es muy esperanzador.

En la actualidad, y gracias a la labor de la medicina preventiva, la inmensa mayoría de casos de cáncer de próstata se diagnostican en estadios iniciales, mientras que solo el 5-10% corresponde a casos avanzados en el momento del diagnóstico. La gran ventaja que ofrece el diagnóstico temprano es que, en fases iniciales, el cáncer de próstata es curable en la gran mayoría de casos, bien sea mediante técnicas de cirugía, radioterapia externa, braquiterapia –radioterapia interna– y crioterapia, con o sin la adición de hormonoterapia –tratamiento hormonal–.

También es conocido que algunos tipos de cáncer de próstata crecen muy lentamente y pueden no provocar síntomas ni problemas durante muchos años, o no hacerlo nunca. Incluso cuando el tumor de próstata se ha diseminado a otras partes del cuerpo (presencia de metástasis), con frecuencia puede controlarse durante un importante período de tiempo, lo que permite que los hombres, aún con la enfermedad en fase avanzada, vivan con buena calidad de vida durante todos esos años. No obstante, si el cáncer no puede controlarse de manera satisfactoria con los tratamientos existentes puede producir síntomas como problemas para orinar, dolor de huesos, cansancio generalizado, etcétera, pudiendo llegando a provocar la muerte. Por ello, una parte importante del manejo del cáncer de próstata es el control de su evolución a lo largo del tiempo. En función del patrón de crecimiento el médico decidirá las mejores opciones de tratamiento disponibles y en qué fase de la enfermedad administrarlas.

Está harto demostrado que tanto la incidencia –casos nuevos– como la mortalidad por cáncer de próstata es tres veces superior cuando hay antecedentes de parentesco de primer grado. Otros factores de riesgo son: la edad (más frecuente a medida que se van cumpliendo años), el exceso en el consumo de grasas saturadas, el síndrome metabólico, la obesidad o la raza negra (es dos veces más frecuente). Por otra parte, la raza asiática es la que tiene menos incidencia de tumor de próstata.

También es fundamental tener presente que el cáncer prostático no es una degeneración de la hipertrofia benigna de próstata, y que, por lo tanto, son dos entidades clínicas bien diferenciadas que siguen rumbos distintos.

De ahí la trascendencia de consultar con el médico ante síntomas como la presencia de sangre en la orina o en el esperma; o ante la dificultad para iniciar la micción o presentar una disminución en la fuerza del chorro de orina, por citar algunos síntomas llamativos; porque de un diagnóstico temprano puede depender la curación de la enfermedad.

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