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Millas

El trasluz

Juan José Millás

Enajenados

¿Cuánto vale el mundo calculado en millones de dólares o euros? No se trata de una pregunta ociosa, puesto que hay empresas que se están haciendo con él a plazos. Observando los beneficios de algunos oligopolios, se comprende enseguida. El mundo está en venta, en fin, con nosotros dentro. La inmensa mayoría de la gente pertenece o pertenecemos a empresas globales que ni siquiera necesitan poseer un logo, ni un edificio de oficinas, ni una dirección de recursos humanos. Pertenecen a esas empresas los empleados y los desempleados de la Tierra y hasta quienes se encuentran todavía en una fase embrionaria. El mundo tiene dueños. Y cuando digo “mundo” digo todo lo que cabe en él: las palabras también. Por eso mismo, porque las palabras están enajenadas vivimos en medio de esta incertidumbre en la que casi todo se reduce a con quién vas: ¿con el Atlético o con el Real Madrid? Se está a favor o en contra del famoso indulto con el mismo espíritu que ante la final de una Copa de Europa. Y donde se habla del indulto podría hablarse de las vacunas, de la reforma laboral, del heliocentrismo o del cambio climático.

Voy por la calle haciendo la contabilidad de aquello que es propiedad de alguien. Todos los edificios tienen dueño, todos los bajos comerciales tienen dueño. El mismísimo aire tiene dueño, puesto que hay empresas que hacen lo que quieren con él: lo contaminan, lo descontaminan, lo vuelven a contaminar… El aire que respiro son las migajas que esas empresas me arrojan como yo arrojo un hueso al perro. ¿Cuánto vale el mundo? ¿Cuánto les ha costado a sus dueños? ¿Con qué criterios seleccionan a los directivos que colocan aquí o allá para seguir sus mandamientos? ¿Es la política el escalón inmediatamente inferior al de la propiedad? ¿De qué modo, sin siquiera advertirlo, juego yo a favor de ese ordenamiento enloquecedor?

¿Estoy yo también enajenado, convertido en otro?

En esto, paso por delante de una calle privada. Lo pone ahí, en un cartel. Parece una continuación de la pública, pero alguien la ha comprado ya. No puedo entrar, pues tiene un vigilante dentro de una garita que marca la frontera entre uno y otro territorio. ¿Quién vive en las calles públicas de gestión privada?

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