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Andrea García Torres

Crítica / Música

Andrea García Torres

Placeres líricos

Camarena dejó una noche para el recuerdo en la gala que protagonizó en el Campoamor

Fue una noche para el recuerdo la que protagonizó el tenor Javier Camarena, con un paseo por algunas de las páginas más bellas y populares del repertorio zarzuelístico español. Es bien conocida su facilidad vocal en la ópera belcantista. Su sencillez y presencia escénica entusiasman allá donde va, no es novedad. Sin embargo, no es algo tan habitual encontrarlo ofreciendo un programa íntegro en el que compositores como Vives, Guerrero, Serrano o Sorozábal constituyen el grueso de las melodías sobre las que Camarena ofrece una versión tan personal como modélica, de ahí que su actuación en el Campoamor fuera, si cabe, aún más especial.

Placeres líricos

Con el mismo rigor y seriedad que en él son habituales, abordó las romanzas tan señeras como la de “Por el humo se sabe donde está el fuego” o la famosísima “No puede ser”, con la que desató vítores y aplausos en la que fue la ovación más larga de la noche. Ahí dejó claro por qué es uno de los tenores más aclamados del panorama internacional. No se resintió Camarena ni en el registro más grave de estas partituras, que abordó con calidad en todo momento, ni en los pasajes más dramáticos, siempre con una voz apoyada, muy técnica, con un timbre homogéneo que le dio comodidad durante toda la velada. El guiño a su extenso bagaje operístico y su facilidad vocal para los agudos llegó de la mano de “Te quiero morena”, con la que una vez más entusiasmó a los asistentes. En otro plano emocional estuvo “Adiós Granada”, que interpretó de forma muy sentida y con actitud doliente. Muy flexible se mostró en “Mujer de los negros ojos”, y “Flor roja”, de “Los gavilanes”, dio pie a que potenciase sus dotes melódicas, con un fraseo cuidado, que fue una constante durante toda su actuación.

Oviedo Filarmonía y su titular, Lucas Macías, mimaron a Camarena y, desde su posición, lo hicieron brillar, cuidando los planos sonoros. En los números orquestales, Macías se ciñó a la partitura en el “Intermedio” de Giménez y dejó a la orquesta jugar más con las dinámicas en el preludio de “El tambor de granaderos”. Las propinas estaban aseguradas, aunque en esta ocasión Camarena prefirió volver sobre el programa de la gala lírica, con “No puede ser” y “Te quiero morena”, en vez de traerse un pedacito de México a Oviedo como suele acostumbrar. Fue todo un placer escuchar a Camarena –quizá algo impensable tiempo atrás– interpretar romanzas de zarzuela dentro del Festival de Teatro lírico español de Oviedo.

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