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Susana Solís

Futuro Europa

Susana Solís

Eurodiputada asturiana por Ciudadanos

Se buscan ingenieras y científicas

La igualdad en educación tecnológica y digital

En los próximos años se crearán más de dos millones de puestos de trabajo en España en el ámbito tecnológico y digital, según un informe de Microsoft y Linkedin. Una noticia excelente, excepto por esta segunda parte: el 46% de las empresas españolas, dice ese mismo informe, tiene serios problemas para encontrar estos perfiles.

En un buen momento para reflexionar –tras los exámenes de la Ebau, cuando más de 300.000 jóvenes están decidiendo su futuro– sobre los cambios en la demanda después de la pandemia, y sobre el mayor interés en profesiones relacionadas con la salud, como la medicina y la enfermería, igual que la informática y algunas carreras científicas. Reflexionar a la luz de esa ausencia de perfiles digitales y tecnológicos. Hay además otra realidad muy preocupante. Faltan, sobre todo, mujeres: si la tendencia no cambia, solo el 12% elegirá estos estudios, en contraste con una presencia femenina muy elevada en la universidad española, el 59% de las matrículas, pero con esta enorme brecha por lo que se refiere a lo tecnológico y lo digital. Ya partimos de una mala situación en cuanto a las actuales licenciadas en carreras STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), que no pasan del 36% del total. Y si nos fijamos en algo tan importante y con tanto recorrido como la Inteligencia Artificial, el porcentaje cae al 12%.

Los porcentajes varían, pero sin grandes cambios. En Asturias, por ejemplo, el 41% del alumnado de grado superior está formado por mujeres, pero si ponemos el foco en informática y telecomunicaciones, la cifra se desploma al 13%.

Necesitamos actuar. No es una simple cuestión de igualdad de género; las consecuencias son también económicas y sociales. Hablamos de los empleos del futuro, los más demandados y mejor remunerados; si las mujeres no los ocupan en una proporción equilibrada, la brecha salarial y de las pensiones no hará más que agrandarse. Y si las mujeres están ausentes en las tecnologías que van a diseñar el futuro, se perpetuarán los sesgos en el diseño y las discriminaciones en los algoritmos, y nos encontraremos con un futuro de hombres y para hombres.

Todo esto me llevó a presentar un informe en el Parlamento europeo, que fue mayoritariamente aprobado en Estrasburgo la semana pasada, para que la Comisión Europea promueva la presencia de mujeres en estos campos. No se trata de imponer nada; el objetivo es despertar el interés en las niñas, a edades tempranas, para que puedan elegir libremente, sin barreras, prejuicios y estereotipos.

Tuve además el honor de hablar del informe hace unos días en un congreso sobre mujeres en Madrid junto con María Blasco, una de las mejores y más reconocidas científicas que tenemos en España. Ambas coincidimos en subrayar que la desigualdad empieza muy pronto, y no es innata: a los cinco años de edad no hay diferencias en el interés o la capacidad para resolver problemas. Pero muy poco después, las niñas se autoexcluyen. Pierden la confianza, pierden el interés tecnológico y matemático. Los estereotipos empiezan a pesar; no encuentran referencias.

No hay nada más inspirador para las niñas que ver otros modelos en los que reflejarse: no se elige lo que no se conoce. Por eso, necesitamos más mujeres en los libros de texto. Ahora sólo aparecen de media un 7,5% en los libros de la ESO, a pesar de que hay grandes mujeres que han cambiado la ciencia y que han sido pioneras en la transformación de la sociedad.

Primero, por tanto, las niñas tienen que ver esos modelos de mujeres, y saber que su trabajo va a ser reconocido y apoyado. Segundo, es muy importante que visibilicemos el impacto social de la tecnología, en el que las mujeres nos vemos más cercanas; aquí es básico el papel del profesorado y de los medios. Y tercero, no solo es necesario llegar: las mujeres tienen que poder ascender en la carrera profesional, y para eso existen herramientas, como la conciliación y condiciones más inclusivas. Si no se aplican, muchas mujeres con vocación científica y tecnológica se quedarán por el camino. Hay que avanzar en las bajas de maternidad y de paternidad, no podemos sufrir solas el impacto profesional; si no incluimos ahí a los hombres, nunca conseguiremos una igualdad real.

Hace treinta años, cuando decidí estudiar ingeniería mecánica, y poco después, cuando trabajé en el sector del automóvil, éramos muy pocas. Pensé ingenuamente que con el paso del tiempo y los avances en igualdad dejaríamos de ser una minoría; no ha sido así. Necesitamos actuar, el tiempo no resuelve esto. Seguimos infrarrepresentadas en ámbitos básicos. Aquí hay un problema serio y de todos, y necesitamos tomar medidas. Ya he mencionado algunas, que tienen que ver con la educación y con las políticas sociales y laborales; hay otras que tienen que ver con decisiones organizativas, con diferencias salariales, con el acceso a la financiación para mujeres emprendedoras…

Ahora que Europa está en un momento crucial, diseñando su estrategia para el futuro y sus planes de recuperación, y cuando las tecnologías están transformando la sociedad de una manera inimaginable hace unos pocos años y a una velocidad asombrosa, no podemos dejar que la mitad de la sociedad quede fuera de ese proceso. El daño sería para la sociedad entera.

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