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Pablo Junceda Moreno

Es el momento de los empresarios

La necesidad de unidad y cooperación ante la crisis

Todos podemos coincidir en que hemos vivido y seguimos viviendo momentos de enorme incertidumbre que están pasando factura a decenas de miles de personas y a multitud de empresas. Sin embargo, al mismo tiempo –y es con lo que nos debemos quedar– frente a los inconvenientes, también se abren nuevas oportunidades.

Oportunidades que pasan por transformarnos a nosotros mismos y transformar nuestro modelo económico, social y ambiental a través de la digitalización, la sostenibilidad y la inclusión.

Este cambio que ya no tiene vuelta atrás tiene que impulsarse sin ocurrencias y con rigor empresarial y social, aplicando legislaciones coherentes y ayudas públicas desde Europa que deben ir dirigidas a apoyar proyectos con “pies y cabeza” y a fomentar la igualdad de competencia real de las empresas en Europa y con las de fuera de las fronteras comunitarias.

Pero estas herramientas: financiación de proyectos y fomento de la competencia real y leal han de ser sólo el primer escalón; el siguiente paso –el más importante-, que consiste en poner en marcha estos proyectos ambiciosos y prácticos y la competencia en el mercado, le corresponde a las empresas y a los empresarios y sólo a ellos.

Es su gran momento, pues son las empresas las únicas que generan bienestar y empleo y son los empresarios los que saben hacer empresa, ganando dinero que justifique el riesgo, pagando impuestos justos y razonables y gestionando en clave social el necesario reparto de la riqueza y bienestar que generan.

Porque siempre es bueno insistir, y es necesario recordar, que cuando una empresa genera riqueza con su actividad repercute no sólo en los empresarios y sus negocios, sino en el conjunto de la sociedad. Ya sé que los que tomáis parte en esta Asamblea de FADE lo tenéis muy claro, pero muchas veces es necesario seguir explicando lo que es cierto y verdad.

Como os digo, es el momento de las empresas; ahora más que nunca; y también de que las administraciones ayuden y colaboren alejadas lo más posible de la demagogia, apostando por aquellas certezas que sabemos que funcionan.

Todo esto lo podemos impulsar con talantes muy diferentes: apostando por el enfrentamiento o impulsando la colaboración público-privada; haciendo oídos sordos a lo que nos dicen o favoreciendo la comunicación; dispersos y caminando separados o trabajando unidos.

Pienso que los buenos objetivos –esos que favorecen a todos– serán más fáciles de alcanzar colaborando, escuchando, dialogando y, en el caso de los empresarios, estando unidos, más unidos que nunca. Porque no se olviden Uds. que siempre ha habido dos tipos de líderes: los que deslumbran y los que alumbran. Quedémonos con los segundos que son los que suelen llegar a buen puerto.

Finalizo. Y lo hago agradeciendo muy sinceramente a FADE –la organización a la que como banco y como empresa nos enorgullece pertenecer– la oportunidad de poder dirigirme hoy a todos los empresarios asturianos, esos con los que hemos compartido y seguiremos compartiendo alegrías y sinsabores, éxitos y fracasos; sencillamente porque nos sentimos uno más de vosotros en esta Asturias que necesita, más que nunca, de empresas y empresarios.

Pero no quisiera dejar de recordar una frase que algunos tuvimos la suerte de escuchar hace ya unos cuantos meses aquí, en nuestra tierra, una frase de mi querido Antonio Garrigues y que tiene –cuando parece que lo peor de la pandemia ya ha pasado– más valor y sentido que nunca: “Señores: en Asturias y en España no tenemos derecho al pesimismo, sencillamente porque no nos lo podemos permitir”.

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