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Antonio Trevín

¡Están tronaos!

Los motivos de los Pujol-Ferrusola para acumular capital

El expresidente catalán Jordi Pujol y sus hijos deberán sentarse en el banquillo de los acusados ante la acusación de formar parte de una organización criminal dedicada a esconder y blanquear el dinero obtenido ilícitamente, en su etapa en la Generalitat.

El juez considera acreditado que aprovecharon su posición privilegiada en Cataluña, durante muchos años, “para acumular un patrimonio desmedido, directamente relacionado con percepciones económicas derivadas de actividades corruptas”. La fiscalía solicita 9 años para el patriarca y entre 8 y 29 años para sus hijos.

La esposa del expresident de la Generalitat, Marta Ferrusola, asumió el rol de las primeras damas de Estados Unidos. Un papel muy diferente al de los cónyuges del resto de nuestros mandatarios. Lo explica, seguramente, el matriarcado con el que lideró el clan familiar. Le gustaba que la llamaran “madre superiora”, sobrenombre con el que aparece en una serie de papeles, firmados por ella, en la banca andorrana.

Una mujer, interesada en el dinero más que en el poder, que fue una empresaria poderosa. Su floristería suministraba flores y plantas a todas las conselleries y también al Barça. Aunque hasta el final defendió que “no tenían ni un duro”, según Marta Barneda.

Respetando la presunción de inocencia, celebro siempre que el Estado de Derecho acabe juzgando la acumulación de riqueza con prácticas corruptas, pero me hago siempre la misma pregunta, ¿para qué tanto?

Al respecto recordé la anécdota que viví el 18 de marzo de 1995 en la boda de la infanta Elena. Se celebró la ceremonia religiosa en la Catedral de Sevilla. Finalizado el oficio, los invitados recorrimos a pie el corto trayecto hasta los Reales Alcázares para asistir al banquete nupcial.

Mesas redondas para diez o doce comensales. Nobleza y representantes sociales compartiéndolas. Jordi Pujol, Marta Ferrusola, Manuel Fraga, María Eugenia, mi esposa en aquel momento, y yo mismo, llegamos los primeros a la mesa. Cinco representantes de la nobleza la completaban.

Situada en la esquina de un salón, se accedía a ella por un pronunciado escalón. Llegaron juntos el resto de comensales y afrontaron con decisión la subida. Uno de ellos, cojeando ostensiblemente, trastabilló y a punto estuvo de espatarrarse. Lo impidió la rápida intervención de sus acompañantes.

Ferrusola se volvió rápida para comentar en voz queda: “Estos nobles están todos tronaos. No tienen ni para un buen implante de cadera”.

¡Para eso acumulaban capital!, ¡para no quedar “tronaos” y contar con “posibles” cuando se necesite un buen implante! Lástima que doña Marta no pueda hoy recodar la anécdota. Ello, al menos, la libra del banquillo.

La familia Pujol-Ferrusola no compartió nunca la filosofía de Julio Lobo, magnate cubano del azúcar que al ser expropiado por la revolución, únicamente comentó:“Nací en pelotas, moriré en pelotas y algunos de los mejores momentos de mi vida los pasé en pelotas”.

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