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Carmen Martínez Fortún

Los engaños

Tras la reunión entre Sánchez y Aragonés

Antes de que Aragonés se reuniera con Sánchez, ya estaban las plañideras catalanas llorando a moco tendido. El más sentido, Junqueras, porque no les embargaban sus casas, sino las casas de sus hijos –ni hijas, ni hijes que no está para memeces–. Casi todos sabemos que, igual que los han indultado, les perdonarán las deudas, pues la tareíta la puso muy clara Rufián en el Congreso. El camino es largo pero con los pasos medidos. Y lo quieren rápido e indoloro. Primero ha sido el indulto y ahora viene todo lo demás, sobre todo porque con la pela no se juega. El problema que una ve es que la deuda no la contrajeron los golpistas con Sánchez ni con este gobierno del PSOE, porque no malversaron su dinero, sino el dinero público que es mío también y suyo, querido lector. No de nadie, como decía aquella. ¿Imaginan, por ejemplo, la pobreza infantil que se puede erradicar con lo que malversaron? Claro que una también veía problemas en toda la andadura anterior y fíjense dónde estamos, que muy clarito lo ha dicho Ábalos, el desempedrador. Así que veremos lo que veremos, como nos hemos comido todo lo que hasta ahora han perpetrado y dicho, sin que pase nada más que muchos protestemos, la mayoría calle y la justicia, la verdad, la cordura y la razón ocupen el mismo suelo pisoteado que las piedras del ministro de Fomento.

Pues ¿en qué país donde el abuso de poder esté mínimamente controlado una ministra podría decir impunemente que un acusado de terrorismo había sido ingresado en un hospital no con una identidad falsa, sino con una identidad diferente? ¿Y otra que en Educación lo que se busca es la excelencia y por eso los alumnos estudiarán menos y titularán con suspensos? ¿Y todos que ahora, en plena escalada de desplantes al Rey, quemas de fotos y gritos de independencia y «o tornarem a fer», es que estamos en el momento del diálogo?

Por no hacer mudanza en su costumbre, el presidente solo hará lo que le convenga. Así que, si tiene que engañar a la mesa de la vergüenza que él llama de la concordia, los engañará. A todos. Pero solo si le conviene.

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