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Susana Solís

Futuro Europa

Susana Solís

Eurodiputada asturiana por Ciudadanos

Una Europa digital fuerte

Mobile World Congress: así revolucionará la vida el 5G

Esta semana hemos vuelto al Mobile World Congress de Barcelona, uno de los eventos con mayor impacto internacional de los celebrados en España. Desde sus orígenes, esta cita ha reunido a decenas de miles de profesionales del sector. Su impacto económico llegó a sobrepasar los 400 millones de euros. Ha situado a Barcelona y a España en el epicentro de la tecnología a nivel mundial: el lugar en el que se adelantan las novedades y las tendencias.

Hace año y medio saltaba la noticia de la cancelación del congreso. Fue uno de los primeros grandes eventos que decidió cerrar ante la, entonces incipiente, pandemia. Las grandes tecnológicas decidían retirarse y el congreso se posponía indefinidamente.

Esta semana regresamos, con una edición muy distinta: el Mobile ha abierto las puertas con muchas medidas de seguridad, bajas de grandes compañías (Ericsson, Nokia, Sony o Google) y la cuarta parte de asistentes de 2019, unos 30.000. Y esto, que la cita no se cancelase, ya se puede considerar un éxito. Es un punto de inflexión, y habrá pabellones y pasillos llenos en la próxima edición.

Lo que sí se puede palpar ya en el ambiente es que la tecnología ha dado un paso de gigante. Primero en nuestras vidas, porque durante la pandemia dependimos de la tecnología para todo: para controlar el virus, para estar conectados con la familia, o teletrabajar, o consumir ocio… Segundo, y esto lo hemos comprobado en el congreso, con el gran protagonismo del 5G, la quinta generación de tecnología de telefonía móvil. Ya no es el proyecto futurista de otras ocasiones: se ha convertido en una realidad a nuestro alcance en esta edición.

El 5G llegó con la promesa de revolucionar nuestras vidas y convertirse en la columna vertebral de la digitalización de la sociedad en salud, viajes, educación y entretenimiento. Pues bien, todo eso ya está aquí: está en los hologramas tridimensionales y a tamaño real, que nos dejaron con la boca abierta el primer día; en las aplicaciones que se usan en los quirófanos para operar, o en la capacidad de asistencia de robots en tareas complicadas. Si hay problemas de comprensión, tenemos traducciones simultáneas en 20 idiomas diferentes. Y para descansar un poco, ¿qué tal tripular desde el congreso, en Barcelona y con gafas de realidad virtual, un barco situado en el puerto de Valencia?

Más allá de lo espectacular, el 5G tendrá un impacto revolucionario en la llamada industria 4.0: se está abriendo la puerta, nos avisan los expertos, a una década o más de innovación en el sector industrial. Lo hemos visto con Huawei: la empresa ha instalado la tecnología 5G en su fábrica, lo que le ha permitido eliminar 560 kilómetros de cableado y mejorar la eficiencia un 50% gracias a mejoras como el uso de vehículos conectados a la logística interna de la fábrica.

Que China liderará de forma incontestable esta tecnología lo ha dicho claramente en Barcelona el presidente de China Mobile: en cinco años, las actividades relacionadas con 5G supondrán el 50% del PIB chino (actualmente, el 38,6%). Su gobierno garantizará que las empresas del sector tengan capacidad financiera suficiente para crecer sin tener que mirar la cuenta de resultados.

Es prioritario en la UE no quedarnos atrás en la carrera digital ante gigantes como China y EE UU. Hemos visto también la excesiva dependencia que nuestra industria tiene de terceros países en la escasez de semiconductores y microprocesadores –muy notable en el sector del automóvil– causada por el aumento de la demanda y la caída en la producción tras los cierres temporales de fábricas por el covid. Las consecuencias son claras: fuertes subidas de precios y largas listas de espera para adquirir ciertos productos tecnológicos.

En Europa tenemos que abrir los ojos y dar un paso adelante. Necesitamos una estrategia clara y cambios en la regulación que permitan atraer inversiones para construir una Europa digital más fuerte y competitiva. Por eso, en marzo de 2021, la Comisión presentó una nueva revisión de los objetivos digitales en cuatro ámbitos fundamentales: formación digital de la población, infraestructuras digitales (invertir en 5G y conectividad para todos los hogares, incluyendo zonas rurales) y digitalización de empresas y servicios públicos.

Europa se ha fijado objetivos tremendamente ambiciosos. Ahora tenemos los fondos de recuperación para poder avanzar: por eso, al menos el 20% del dinero de Next Generation debe invertirse en estas áreas. Es básico, si queremos liderar en la economía digital. Atraer inversión privada es también fundamental, lo que convierte en más importante que nunca la colaboración público-privada. Sin olvidarnos de la visión humanista, muy presente en Barcelona: esta revolución digital que vivimos debe tener los valores europeos y las personas en el centro.

Precisamente de la necesidad de dotar de ética a tecnologías como la inteligencia artificial trató la conferencia inaugural a la que asistió Felipe VI. Porque, como bien dijo el historiador y filósofo Yuval Noah Harari, la inteligencia artificial se podrá utilizar para crear una dictadura digital o el mejor sistema sanitario del mundo. Pero no será la ciencia, porque no tiene capacidad para ello, la que lo decida, sino el ser humano.

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