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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

¿Y nuestra pensión, qué?

Estimado lector: si usted es como yo uno de los once millones de ocupados de este país –doscientos mil en Asturias– nacidos entre 1960 y 1975, bautizados como hijos del “baby boom” (como si en castellano no hubiera palabras más atinadas para definir a los que vimos la primera luz en la época de la eclosión de la natalidad), dese por fastidiado, por no utilizar un participio más sonoro y políticamente incorrecto: olvídese de la prejubilación pactada a los sesenta y estime un recorte de la pensión en tiempo y forma salvo que decida alargar su etapa laboral más tiempo del que tenía previsto. Seguramente el Estado pondrá velas para que usted y yo la palmemos antes de tiempo y ahorrarse así una paga costosa. Después de décadas sin activar el Pacto de Toledo por sucesivos gobiernos, son conscientes los de ahora que la caja que alimenta la paga de los jubilados se agota, que amenaza telarañas. Más de tres décadas cotizando religiosamente y sin falta mensual para que ahora el ministro Escrivá te anuncie discretamente un “ajuste pequeño”. Échense a temblar: cuando el equipo de Sánchez habla de mínimos, la realidad siempre aventura máximos.

La salud financiera del sistema se encuentra a las puertas de la unidad de cuidados intensivos, con respiración asistida, y, como siempre, los paganos principales seremos los pobres contribuyentes, los que llevamos años dependiendo de una nómina, sin más ingresos que los derivados de los rendimientos del trabajo, aportando una cantidad mensual que no garantiza a día de hoy una vejez tranquila y reposada.

Esperemos que el nuevo mecanismo de “equidad intergeneracional” no suponga arreglar la jubilación venidera al modo de los ancianos japoneses de la balada de Narayama: aguardar en el monte y a solas el final de los días, rodeados de cuervos y alimañas, sin importar si conservan sus energías o el amor a la vida.

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