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Pesos pesados, alcaldesas y un congreso

Cambios profundos en el Ejecutivo

La política tiene momento crueles, despiadados. Cuentan que los zares rusos señalaban a sus víctimas invitándolas a brindar con agua antes de sacrificarlas. Esta semana Pedro Sánchez ha entregado tres copas de agua a tres personas que le ayudaron a llegar donde está: Iván Redondo, que le explicó cómo ganar la moción de censura contra Rajoy; Carmen Calvo, que le enseñó cómo se maneja la Moncloa; y José Luis Ábalos, que le enseñó las entrañas del PSOE para derribar a Susana Díaz. Pero quienes ayudan a llegar no siempre sirven para mantenerse y consolidarse. Ayer, Sánchez empezó a construir el nuevo PSOE tras tres años de gobierno a espaldas del partido. Hay que reconocer que al presidente no le ha faltado ni valentía ni decisión.

Pesos pesados, alcaldesas y un congreso

Un presidente sin escuderos.

Todo presidente se dota de un escudero para que le lleve el día a día y le abra las latas cerradas o le despache las technicalities. Felipe González tuvo a Guerra durante nueve años, Aznar a Álvarez-Cascos durante ocho y Zapatero a Fernández de la Vega durante seis. El tiempo se acelera y los escuderos de Pedro Sánchez le han durado tres años. Iván Redondo con los medios, Carmen Calvo con los socios y Ábalos con los barones del partido. Lo más parecido a un escudero es Félix Bolaños, que estará al frente del Ministerio de la Presidencia, y Óscar López, su amigo que estuvo demasiadas veces en el lugar equivocado en el momento equivocado, que será jefe de gabinete, aunque habrá que esperar al BOE para saber sus competencias. Queda pues la plaza vacante a la espera de la clave que explica esta remodelación: el congreso federal del PSOE previsto para octubre.

Alcaldesas brillantes en comunidades clave.

Las próximas elecciones que se van a celebrar en España serán las andaluzas. Allí, Sánchez ya tiene candidato de su gusto: Juan Espadas. Las siguientes son las municipales y autonómicas de mayo de 2023. El congreso de octubre, y los que le seguirán en las federaciones, tiene que servir para ganar esa batalla. La cobertura nacional la dará la recuperación económica y el reparto de los fondos europeos, por eso no se ha tocado ni una coma del equipo económico. Pero hay que asegurarse candidatos potentes. Y algunas de las entradas en el Gobierno responden a ese perfil: mujer, joven, alcaldesa y con posibilidades de proyectarse desde la atalaya de Madrid como hizo Illa en Catalunya. Isabel Rodríguez, la nueva portavoz y ministra de Administraciones Territoriales, es alcaldesa de Puertollano en Castilla-La Mancha y Diana Morant lo es de Gandía, en Valencia. Además son profesionales de prestigio. Pilar Alegría ejercía de delegada del Gobierno en Aragón porque le arrebataron la alcaldía de Zaragoza y Pilar Llop, de Justicia, ha hecho carrera en Madrid. Si se sigue el rastro de todas ellas en el PSOE se verá que siempre estuvieron en el lado correcto de la historia, es decir, con Sánchez. En estos nombres están los futuros barones, en este caso baronesas, del partido. Si se sigue el rastro de todos los caídos también hay un patrón: tenían litigios en marcha que generaban ruido al Ejecutivo, desde la educación hasta los fondos europeos.

El PSC cambia el fuero por el duelo.

El PSC ha duplicado su cuota en el Gobierno pero ha multiplicado su capacidad de gasto. Aparentemente, Miquel Iceta pierde peso al pasar de Administraciones Territoriales a Cultura y Deportes. Pero la cartera de la nueva ministra catalana, Raquel Sánchez, es la que más gasto tiene. El nuevo esquema permite a los de Illa abanderar algunos proyectos emblemáticos como la ampliación del aeropuerto, las inversiones en cercanías o la candidatura para los Juegos Olímpicos de Invierno. Hablar de lo que su candidato a la Generalitat siempre dice: los problemas reales de los catalanes. Al mismo tiempo, Iceta puede demostrar en Cultura las bondades de la cogobernanza y gana tiempo libre para ayudar a engrasar la mesa de diálogo desde las bambalinas. Su caso es una obsesión de Sánchez porque ya le ofreció la cartera en 2018. Movilidad sumada a las empresas públicas dirigidas por gente del partido les convierte en interlocutores privilegiados.

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