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Oscar Buznego

El problema demográfico de Asturias

Una respuesta política dispersa a un asunto clave

Con cada dato de población que se da a conocer el interés de los asturianos se concentra en la evolución demográfica de la comunidad autónoma. Según la actitud con que se observe, la cuestión es vista alternativamente como declive, problema o reto, o como una conjunción de las tres cosas. Se señalan como fenómenos más significativos la despoblación, el envejecimiento, la baja natalidad y la emigración de los jóvenes, a los que habría que añadir otros que se manifiestan de forma más discreta. Es bien sabido que la demografía asturiana se ha vuelto problemática en muchos aspectos, como ha sucedido en Europa y en las autonomías vecinas. La singularidad de Asturias es que presenta algunas de las tendencias más depresivas de España.

El diagnóstico panorámico de la situación está hecho y los actores políticos parecen por fin decididos a tomar medidas. En 2017, el gobierno autonómico aprobó el Plan Demográfico del Principado de Asturias, de cuya redacción encargó a un equipo de la Universidad de Oviedo. El documento, claro, extenso y riguroso, incluye un plan de actuación. En los últimos años, entidades públicas y organizaciones sociales han elaborado informes precisos, que han tenido cierta difusión en la prensa, muy atenta a todo lo relacionado con este asunto. En su discurso de investidura, el presidente Adrián Barbón apuntó el reto demográfico entre las que serían sus cinco prioridades. Poco después creó la figura del Comisionado, que impulsa y coordina todas las iniciativas del gabinete. Por su parte, la Junta General constituyó una comisión destinada a ocuparse específicamente del problema. Así, la demografía está ya definitivamente incorporada a la agenda pública del gobierno, los partidos políticos y la sociedad asturiana, lo que supone un primer gran paso.

No obstante, la respuesta política está siendo algo dispersa. Una prueba de ello es que el pasado mes de junio, cuatro años después de la aprobación del plan, el ejecutivo acordó la puesta en marcha de la comisión encargada, entre otras funciones de supervisión, de examinar el informe de seguimiento que debía presentarse cada año. El Plan, diseñado para estar en vigor hasta 2027, también prevé una evaluación intermedia antes de 2023. La celebración de elecciones, el cambio de gobierno, la larga pandemia o el acoplamiento a los planes de la administración central no justifican la actuación un tanto parsimoniosa del gobierno asturiano. El Presidente ha advertido con acierto que la política demográfica solo produce efectos a largo plazo, pero esa es una razón más para adoptar decisiones con urgencia.

El éxito de las políticas públicas estriba, en primer lugar, en una correcta y ordenada definición del problema que se pretende resolver. Por encima de la contracción del tamaño demográfico y la despoblación rural, que sin duda también provocan consecuencias adversas, el mayor problema de Asturias es el desequilibrio intergeneracional, porque afecta de un modo crítico al futuro de la región en los sectores más decisivos de la economía, los servicios públicos y el bienestar. La escasa presencia de jóvenes en todos los ámbitos de la vida social tiene su origen en la renuncia de las mujeres asturianas a la maternidad y se agrava con la emigración. El saldo migratorio es favorable, pero no lo suficiente para compensar la pérdida ocasionada por la baja natalidad. Hay datos que muestran que las mujeres asturianas son las españolas que en un porcentaje más elevado deciden posponer su primer embarazo. Desean tener hijos, al menos uno, pero más tarde, incluso a partir de los 40 años. Quizá su decisión esté influida por la percepción que tienen de las expectativas de crecimiento de la economía asturiana y de sus oportunidades en el mercado laboral regional.

Aquí sí topamos con el gran problema de Asturias, la falta de dinamismo en su actividad productiva y su limitada capacidad para generar empleo. Los vientos de la demografía han cambiado, escribió hace décadas Livi Bacci. El tamaño de la población ya no importa tanto para hacer progresar a un país, pero una pirámide recortada por la base representa una sociedad carente de la energía y el espíritu innovador que aporta la población joven. Podemos esperar a que el tiempo lo arregle o dirigir toda la artillería de las políticas públicas a corregir cuanto antes esta situación.

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