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Tino Pertierra

Las claves de Balbín

Debate y película. Muchas veces, el primero era más espectacular que la segunda. El gran Balbín reunía a su alrededor (pipa en ristre) a un círculo de personajes que eran en muchos casos historia viva de la política, el arte, la ciencia, el qué sé yo. Y Carlos Pumares, de genes asturianos, elegía películas que tuvieran que ver con el tema a tratar –en ocasiones un pelín traídas por el ídem–. Luego, sesión continua de guión imprevisible con un casting irrepetible: impagable ver las caras de Felipe, Carrillo o Guerra “normalizadas” tras la mordaza de la dictadura y escuchar sus duelos dialécticos con un Fraga o un Suárez. Balbín, impecable e implacable, aplomo praviano a tope, hizo historia con los rostros y rastros de nuestra memoria: hoy sería impensable un programa así en estos tiempos de ruido y furia en el barro.

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