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Xuan Xose

El mal ojo de nuestras administraciones

El desconocimiento de la realidad lastra los programas públicos

Ilustración

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LA NUEVA ESPAÑA del pasado 11 de julio me confirma lo que ya me habían transmitido algunos amigos comerciantes u hosteleros. Este es el titular: “Las ayudas covid para los autónomos son “inaccesibles”, denuncian las asesorías”. Y la razón es que los requisitos son muy difíciles de cumplir, aunque se hayan tenido pérdidas en los rangos en que se estipulan, y se haya estado cerrado o sin actividad durante una parte de la pandemia. Y no piensen ustedes en grandes ayudas, a mí todos mis informantes me han hablado de las de 3.000 euros.

¿Se hace adrede para realizar un gesto propagandístico y no tener que desembolsar el total prometido, 7.000 millones en el conjunto de España, en Asturies, 132, que aspiran a llegar, éstos, a 25.000 negocios? Mi impresión es que no. No es la voluntad lo que falla, sino el desconocimiento de la realidad, como ocurre tantas veces. Y eso que no son los políticos estrictamente los que legislan, sino que tienen la ayuda de los técnicos o de una pléyade de asesores. ¿Cuántas veces, por ejemplo, hay que corregir el BOE o el BOPA al día siguiente de su publicación, o lamentarlo sin corregirlo?

Una tríada, ahora del Ayuntamiento de Xixón. Se realiza una oferta de tres noches de hotel por dos pagadas, subvencionando la tercera el Concejo. Se destinan a ello 400.000 euros. Solo se producen 279 reservas, el 11% de lo esperado. ¿Se comunicó mal? ¿No se fía la gente de los ayuntamientos?

Se reservan 1,2 millones para ayudas a la hostelería sin terraza, que tuvo que estar cerrada mucho tiempo cuando quienes tenían terraza abrían. Solo se presentan 718 peticiones de las 1.700 previstas. Las mismas interrogaciones.

Se pone en marcha el plan “Mi barrio”, para que 1.109 familias censadas como con dificultades gastasen, antes del 31 de mayo, en compras en comercios un dinero de entre 700 y 1.200 euros. Llegada la fecha, sobre un total de 994.725 euros, quedaban aún pendientes de gasto en los bolsillos de las familias alrededor de 565.000 euros. Hubo que hacer una prórroga hasta finales de año. ¿Desconocimiento de la realidad? ¿Mal cálculo?

¿Se acuerdan ustedes de aquella famosa campaña de Más Madrid y Podemos, con Carmena al frente del Ayuntamiento de Madrid, abriendo comedores de verano porque los niños iban a quedar desnutridos? Conocen el resultado, ¿verdad? Un puñado de inscritos.

¿Y del famoso Ingreso Mínimo Vital, tan aireado por Podemos y el PSOE, especialmente por el descoletado Iglesias, que iba a alcanzar a tantos millones de españoles y arreglarles la vida? Pues después de un año de existencia no ha llegado más que a una cuarta parte de los que se decía que iba a llegar, entre otras cosas porque muchas solicitudes han sido rechazadas por no cumplir los requisitos. Y, al margen, una vez más, del abismo existente entre la propaganda y el cumplimiento de los planes, las preguntas: ¿mal diseño del plan? ¿Desconocimiento de la situación real de la población?

Podemos sospechar que, aparte del desconocimiento de la realidad que muestran estos fracasos, por incompetencia de las administraciones, existe un vector fundamental: que la idea, en unos casos, y la dimensión, en todos, de los proyectos, responde a una pura ideación de los políticos y de quienes conciertan los planes con ellos: asociaciones de varia índole y, en general, sindicatos.

Acaso, también, a la vista de las demandas, queda flotando una interrogación: ¿los datos de la realidad no serán, tal vez, menos negativos de lo que aparentemente o discursivamente son?

En cualquier caso, esas ideaciones, la propaganda, el tiempo perdido por la burocracia (con sus costos), los dineros embalsados por no gastarse, los créditos que se demandaren para esos programas, salen de los presupuestos, es decir, del dinero de los ciudadanos, esto es, de su esfuerzo, su saber y su trabajo.

Tal vez deberían ajustar más el objetivo antes de dar el gatillazo. Aunque a ellos seguramente les gustaría más, al modo en que Jerjes castigó al Helesponto con 300 latigazos por destruir su obra, fustigar a la realidad con severo rebenque, para que, así, aprendiese a comportarse de acuerdo con lo que de ella se espera. ¡Desagradecida!

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