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Oscar Buznego

El destino de Ciudadanos

El propósito del partido de Arrimadas con su conversión “liberal”

En un libro convertido hoy en un clásico de la ciencia política, Giovanni Sartori definió de forma lacónica el partido político como “un grupo cualquiera identificado por una etiqueta oficial que presenta en elecciones candidatos a cargos públicos”. Ciudadanos acaba de celebrar una reunión en la que no se ha discutido su nombre, pero ha concluido con la adopción del apellido “liberal”. De hecho, el encuentro tenía la finalidad de precisar la identidad ideológica del partido sin cambiar de marca. Las palabras libertad, liberal y liberalismo han sido repetidas hasta la saciedad en las ponencias y los debates. La presidenta y el portavoz del grupo parlamentario han resaltado que en España no hay otro partido que pueda llamarse liberal y que Ciudadanos es el único reconocido como tal por los partidos liberales de Europa, presentes en la convención.

Durante la Transición hubo varios partidos liberales, en realidad pequeños grupos con cientos de afiliados a lo sumo, de los cuales el más genuino fue el liderado por Joaquín Garrigues. Su hermano Antonio fundó después otro que fracasó estrepitosamente en las urnas, tanto en solitario como en coalición. No consiguió siquiera ocupar un escaño. Integrado en la llamada “operación Roca”, apadrinada por el Partido Reformista Democrático, cosechó una derrota que a la postre sería definitiva. Los partidos liberales dirigidos por el empresario José Antonio Segurado y el economista Pedro Schwartz tuvieron un éxito parcial y efímero formando parte de la coalición conservadora liderada por Manuel Fraga. Ciudadanos fue en su origen una fuerza de choque contra el nacionalismo catalán. Las tensiones en su seno entre liberales y socialdemócratas, votantes decepcionados del PP y del PSOE, han sido constantes. Es la razón por la que ha mantenido cierta ambigüedad en su definición ideológica. Ahora, actuando un poco a la desesperada, ha decidido declararse liberal en exclusiva.

La historia del liberalismo español es apasionante. El término “liberal” tiene raíces profundas y una larga tradición en nuestro país. En los años previos y, sobre todo, a partir del debate sobre la libertad de imprenta de las Cortes de Cádiz adquirió un significado político nuevo. La corriente liberal, en sus distintas versiones, desempeñó un papel muy protagonista en la historia política de España en el siglo XIX. Una nutrida nómina de políticos y publicistas asturianos estuvo en la primera fila del liberalismo español. Al proclamarse la II República, muchos liberales vieron cumplido su sueño. Pero la dictadura que siguió a la guerra civil sepultó el espíritu liberal, que revivió poco a poco solo cuando el régimen franquista se ablandó. Hoy, de manera más sofisticada o más rudimentaria, el liberalismo impregna la política española, su Constitución, a los electores y a los partidos. De Vox a Podemos, un porcentaje notable de votantes define su ideología como liberal, claro que con ideas muy distintas de lo que significa eso.

El propósito de Ciudadanos, poniéndose el adjetivo “liberal”, es ocupar el espacio político centrista y atraer a los electores ubicados en esa posición. El porcentaje más elevado entre ellos, lo mismo que una mayoría de votantes de Ciudadanos y de aquellos que votaron nulo o en blanco en 2019, se declara liberal.

Inés Arrimadas se esforzó en ser persuasiva, insistiendo en el carácter centrista y reformista de la organización, igual que hiciera Aznar en su día con el PP. Edmundo Bal hizo acto de contrición y reconoció haber cometido graves errores, un gesto con el que invitó a los miembros y simpatizantes del partido a no desfallecer y empezar de nuevo. Pedro J Ramírez, ponente estrella de la convención, animó a los presentes asegurándoles que Ciudadanos era más necesario que nunca y que muchos españoles coincidían con sus postulados, aunque no lo supieran.

Pero la suerte parece echada. Las encuestas auguran una caída de Ciudadanos que podría dejarlo fuera del parlamento, tras haber experimentado todas las emociones que depara el tobogán electoral. La polarización política de estos años ha afectado también a los votantes moderados, comprimiendo su espacio electoral. Una prueba de lo difícil que es mantener alguna equidistancia en esta situación es que, después de todo lo dicho, Arrimadas no tardara en enarbolar la bandera de una alternativa frente a lo que denominó “el sanchismo”. Por lo demás, hay indicios de un reflujo de los votos disgregados en 2015 hacia el PSOE y el PP, que se refleja en la evolución reciente del apoyo electoral a Ciudadanos y a Podemos. El partido, por último, ha incurrido en grandes errores estratégicos y tácticos, del tipo de fallos que los votantes no suelen perdonar.

Resulte creíble o no la “conversión” completa de Ciudadanos a las ideas liberales, que ya pregonaba tímidamente, los votantes repiten en cada cita electoral que ya han dictado sentencia. Y el liberalismo no es suficiente estímulo para recuperar electoralmente a un partido abandonado en solo unos meses, de abril a noviembre de 2019, por millones de seguidores ocasionales. No lo es en España, por su débil tradición partidista, y tampoco en Europa, donde el declive de los partidos liberales comenzó hace un siglo. El liberalismo actual es plural, y está en todos los partidos y en ninguno en particular.

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