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Esteban Greciet

Clave de sol

Esteban Greciet

Hacia el cambio total de la forma de Estado

Si la derecha no se une, la suerte estará echada

Uno de los tradicionales signos de seriedad política suele ser una razonable estabilidad de instituciones y la coherencia de sus políticas. Por el contrario, en los convencionales “tiempos normales” –expresión muy usada en la posguerra española–, si los cambios de nombramientos y destituciones son frecuentes pueden indicar improvisaciones o ser la prueba de que faltan seriedad y criterios fundados.

Se suele invocar un simple cambio de criterio ante aconteceres inesperados o el ensayo de diferentes estrategias. Otra cosa será que quien sea competente para el nombramiento de cargos, o el que ejerza o se atribuya ese menester, persiga por alguna razón un efecto determinado para el desarrollo de las políticas en marcha.

Cualquier signo de cambio frecuente indica cierta inseguridad, siempre inconveniente en una política seria y duradera, Un signo de que se realicen inesperados nombramientos en grupo con alguna característica compartida sugiere interpretar que la situación demanda en ese momento un efecto determinado, un relevo o una adaptación a nuevos retos. Incluso, un experimento a ver qué pasa.

En todo caso, como en éste, suele haber asesores cuya competencia profesional es discutible por su relativa adhesión a la causa. La preponderancia femenina en los recientes nombramientos no parece en principio que tenga otro sentido que el de dar a entender que habrá un cambio de tono en el ejercicio del quehacer ministerial.

La prensa libre parece interpretar que se trata de un gesto artificioso destinado a satisfacer el rampante feminismo que se ha puesto de moda sobre todo en la izquierda. Un toque de distinción. Los hechos parecen demostrar que en ese ámbito hay mucha más materia intelectual de la que se suponía. No obstante, los recientes y radicales cambios decididos por Sánchez corroboran la impresión de que su gigantesco ego es la brújula que le marca el norte.

Un norte que, aparte del ego personal de quien pilota la situación, es ahora el cambio total de la forma de estado y el monopolio de una izquierda a la antigua usanza. La situación es desesperada pero no grave, que decía aquel ministro de Adolfo Suárez. Desesperada sí, para el conjunto de los ciudadanos,

Si los partidos de centro derecha siguen en sus trece de mirarse de reojo y a lo más discutir y protestar de lo que pasa sin llegar a la urgente y necesaria unión de las tres formaciones de la derecha convencional, mareando la perdiz con olvido lo que de verdad importa, la suerte estará echada.

Que, más que suerte, será pura revancha.

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