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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Adriana, la depredadora

Se nota que Adriana es de pueblo: tiene ese deje canalla de los que vienen de jugar en la calle, donde se forjan los más recios caracteres y se aprenden las trampas de la universidad de la vida, las mañas de trilero de cubilete. A los que hunden sus raíces en la aldea no les hace falta una estancia en el campus para el desarrollo óptimo de sus facultades. La inteligencia natural ni se adquiere ni se cultiva: se tiene o se carece de ella.

Nadie podía imaginar hace unos años que siendo tan joven llegaría tan pronto a lo más alto de la pirámide, en un entorno lleno de empellones, cruel y competitivo. Ahora sabemos que, a escondidas, se estuvo preparando a conciencia y que supo sacar provecho de las enseñanzas y consejos de los que fueron sus preparadores. Hemos sido testigos de cómo ha ido eliminando rivales sin piedad, con la eficacia quirúrgica de los depredadores. Sin pestañear, sin acusar los nervios.

Adriana encaja y golpea sin inmutarse, su fragilidad exterior se antoja el envoltorio de una roca. Sacude estopa sin piedad en cuanto asoma por el escenario a quien le pongan enfrente. A la vez, ha aprendido a aguantar los ataques sin arquear las cejas. Su expresión es idéntica tanto en posición de ataque como cuando organiza su defensa. Y las guarda.

Nadie la conocía fuera de su entorno y ahora ocupa minutos en los noticieros y en los espacios informativos más relevantes. Quién iba a imaginarlo.

P.D. La protagonista de esta columna es Adriana Cerezo, la nueva Adriana de España, la chiquilla de 17 años, la del 13 sobre 14 en la selectividad, que se colgó la primera presea de la delegación española en Tokio, subcampeona olímpica en taekwondo.

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