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JC Herrero

Un cuarto de millón de víctimas

“Stop ahogados”: salvar una vida

Desde el pensamiento global y actuación local debemos posicionarnos respecto a lo que la Organización Mundial de la Salud denomina “muertes por traumatismo no intencional” una cifra que alcanza al cuarto de millón de ahogamientos en el mundo. En España se superó la cifra de trescientos fallecidos en el año 2020, cien menos que en 2019.

El lema “stop ahogados” es abanderado por la Federación Española de Salvamento y Socorrismo, una tarea de todos, especialmente de las administraciones que están obligadas a colaborar activamente en la prevención.

Solo la normativa en piscinas exige la instalación de flotadores, aros salvavidas, debiendo las autoridades estatales, autonómicas y municipales redirigir tal exigencia a las playas, lagos y ríos donde se autoriza el baño.

Algo tan sencillo como un flotador, apostado en cualquier medio acuático donde se prodigan y autorizan los baños o simples paseos por la orilla rebajaría el número de víctimas pues los accidentes, exponencialmente en verano, también lo son el resto del año por la presencia de corrientes marinas, propio de nuestras costas.

Incluso en época estival si usted pasea por la playa, tras concluir la jornada laboral de los equipos de salvamento, y se mete en una corriente que le arrastra, la mayoría de transeúntes se verán impotentes por no poder auxiliarle. Algunas administraciones argumentan que si colocan flotadores en las playas “se los llevan”, débil excusa que no se la cree nadie. Puestos a llevar se pueden despistar hasta bancos, farolas y demás mobiliario urbano, pero ninguno puede salvar una vida como un humilde flotador.

¿Por qué es obligatorio en las piscinas y no en las playas?

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