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María Teresa Álvarez

Adiós a una maestra y amiga

María Teresa Álvarez y Menchu Álvarez del Valle, con amigas.

María Teresa Álvarez y Menchu Álvarez del Valle, con amigas.

Su voz era hermosa, cantarina y cristalina como las aguas de los muchos arroyos que serpentean con alegría los recovecos de nuestras laderas y montañas asturianas, a las que ella amaba sin haber nacido en esta tierra.

La primera vez que escuché a Menchu Álvarez del Valle me gustó tanto que me convertí en asidua a sus programas.

Andando el tiempo yo también me dediqué a lo mismo y fue entonces cuando nos conocimos. Siempre fue una maestra para los que empezábamos. Nos alentaba y animaba a seguir en una profesión que llenó toda su vida.

Hablar de la radiodifusión en Asturias y olvidarse de Menchu Álvarez del Valle sería un enorme error.

Además de poseer una voz excelente, Menchu era afable y simpática consiguiendo en sus entrevistas una rentable empatía con sus invitados que luego se traducía en declaraciones sinceras y cargadas de valor.

Menchu era una amiga de corazón; se alegraba con el éxito de los compañeros. A ella le debo de forma muy especial que me concedieran “La Faba de Oro” del restaurante La Gruta.

Recuerdo nuestras conversaciones sobre mujeres, a las que ella defendió siempre.

La última vez que nos vimos fue en Ribadesella, donde tuvo la amabilidad de presentar uno de mis libros.

Era una mujer vital, enamorada de la vida, discreta, positiva y luchadora.

Querida Menchu, te puedes ir tranquila, has hecho fructificar tus talentos. Nunca olvidaré tu respuesta cuando te llamé para felicitarte por el matrimonio de tu nieta con el entonces príncipe don Felipe. Me dijiste: “María Teresa, lo único que de verdad me importa es que se quieran y sean felices”

Nunca te olvidaré, querida Menchu.

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