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Fernando Delgado

Entre col y col, lechuga

La magistral intervención de Menchu sobre periodismo en la presentación del libro “El rojo color de la memoria”, de Lorenzo Cordero, cronista oficial de Ribadesella

“Empieza a estar en desuso la información veraz, contrastada y contada por los periodistas clásicos, rehenes de la ética profesional. Incluso se está perdiendo el interés por poder contar con un periodismo de pensamiento, crítico y ponderado; un periodismo intelectualizado, lo suficientemente alejado del vértigo por la prisa por difundirlo y lo bastante aproximado a la razón para considerarlo como el fiable periodismo del razonamiento lógico. Teníamos entendido que el periodismo era la suma de la razón más la ilustración”.

Con esta frase del periodista Lorenzo Cordero, comenzaba Menchu su intervención aquel lluvioso y oscuro viernes de noviembre de 2017 en el que presentamos en la Casa de Cultura de Ribadesella el libro “El rojo color de la memoria” del cronista oficial riosellano.

Menchu intervenía en representación de sus amigas y compañeras de la tertulia “El Garabato” para reconocer la obra de quien fue su colega, amigo y coetáneo. Lorenzo nació el 14 de noviembre de 1927 y Menchu dos meses y dos días después, el 16 de enero de 1928. Sus actividades profesionales como periodistas fueron a la par en una época nada fácil, con pocos medios para realizar la labor informativa, pero con un sano compañerismo que les llevaba a intercambiar los datos que podían recabar sin pensar en que servían a medios de comunicación distintos.

Corría mediados del siglo pasado, “época complicada, teniendo en cuenta que, a la hora de escribir, fuese para el periódico o la radio, teníamos que pasar por el cedazo de la censura”, afirmaba. “En alguna ocasión se ha referido Lorenzo al metalenguaje que desarrollamos y que, más vulgarmente, definíamos como meter entre col y col, lechuga”, señaló Menchu.

De su coetáneo destacó “su gran habilidad para eludir la censura ya que despertaba en los compañeros y lectores una extraordinaria admiración por cómo abordaba los asuntos más complejos, utilizando un lenguaje rico en intencionados circunloquios, para llegar al meollo del tema tratado de modo incisivo y siempre dejando un resquicio para la salida airosa”.

Menchu le definió como “un malabarista de las palabras que manejaba unas bolas brillantes con una habilidad sorprendente. Un par de veces, como también les ocurre a los buenos artistas, las bolas se escaparon de sus manos con el consiguiente peligro de perder algo más que su trabajo”.

“Fueron, sin duda, años apasionantes en los que solo la vocación nos mantenía activo s. A años luz del periodismo en que solo se progresa si los trabajos tienen muchos ‘clics’ o miles de ‘me gusta’, de la prisa por publicar ‘online’ sin tiempo a contrastar la información… De esa gestión de los medios de comunicación que está produciendo un descenso notable de la confianza en sus audiencias. Nos han caído dos crisis a un tiempo, es cierto: la económica y la de modelo de negocio periodístico. Y me temo que las nuevas generaciones no saben aún como salir de ellas”, sentenció Menchu, quien finalizó su intervención yéndose “por las ramas de la memoria, esa de color rojo con la que tú has pintado sus páginas y que, sin duda, nos ayudará a recordar una importante parte la historia de Asturias, de la historia de España, para tal vez ¡no volver a repetir los errores cometidos en el pasado! Cuenta siempre con mi admiración y cariño, amigo”.

Menchu fue gran amiga de sus amigas de “El Garabato” y de sus amigos Lorenzo Cordero y Emilio Serrano, cronista oficial e hijo predilecto, respectivamente, de Ribadesella. Desplegó siempre una gran vitalidad que combinaba con su amor por la poesía. Rehuía el indirecto y gran protagonismo que padeció y que trastocó durante algún tiempo la tranquilidad que siempre buscó en su refugio de Sardéu. Descansa en paz.

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