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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

El castro astur de Zamora

Dicen los arqueólogos, alquimistas desenterradores de nuestros hábitos y vestigios más lejanos, que las piedras hablan. Del pasado castreño de los astures existe una larga conversación pétrea en tierras de la provincia de Zamora, en la localidad de Arrabalde, donde se asienta el castro de Las Labradas. En ese lugar, las piedras parlanchinas dan cuenta de la defensa numantina de unos cismontanos frente a las legiones romanas comandadas por Publio Carisio, el general al que el mismísimo Augusto envió a someter a los rebeldes astur-cántabros en las campañas que tuvieron lugar entre los años 29 y 19 antes de Cristo. Sobre el altozano, los remotos asturianos edificaron una magnífica ciudadela fortificada de 46 hectáreas, que defendieron de Roma con su vida.

Tal es la relevancia de ese asentamiento, de ese “oppidum” edificado muchos kilómetros allá del otro lado de la Cordillera, que algunos especialistas consideran que puede tratarse de Lancia, la población astur de la que dejaron evidencia escrita historiadores como Ptolomeo, Plinio el Viejo u Orosio.

Según los últimos estudios, resulta evidente una precisa ingeniería militar en la construcción de ese castro, en forma de triángulo con el vértice redondeado y orientado al norte, con una especie de embudo en la muralla exterior donde quedaría atrapado el enemigo en caso de abrir brecha en las defensas.

En las vitrinas del Museo de Zamora, el visitante curioso puede contemplar el llamado “tesoro de Arrabalde”, con piezas de fina orfebrería de enorme valor, hallado en este castro en agosto de 1980. Entre los que encontraron este tesoro, al que Delibes dedicó una novela, estaba el fallecido Moisés Llordén, que fue durante años director de la Cátedra Jovellanos de Extensión Universitaria en Gijón.

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