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Javier García Cellino

Velando el fuego

Javier García Cellino

El pueblo

La necesidad de una estrategia urgente para frenar la despoblación de las zonas rurales y la repercusión de la “España Vaciada” en la agenda de los diferentes partidos políticos

Días pasados leíamos la noticia de que la pequeña localidad de Griegos, un municipio turolense, ha recibido 3.000 solicitudes de aspirantes a residir en el pueblo. La localidad, que cuenta con 130 habitantes, ha ofrecido dos empleos fijos en hostelería y tres meses gratis de vivienda para quienes se instalen allí y lleven a sus hijos a la escuela. El objetivo, en este caso, es conseguir pasar de los nueve alumnos actuales a 12, con la intención de desdoblar la única aula con que cuentan y asegurarse, de este modo, su funcionamiento por más tiempo.

El frío, la soledad, las dificultades laborales y escolares –tanto en este lugar de la sierra de Albarracín como en otros parecidos– han dibujado una topografía indiscutible, una imagen a la que se acuña como “La España vaciada” y que necesita de una estrategia urgente que frene la despoblación rural. Y, sobre todo, porque tiene una de las llaves del futuro gobierno del país (aproximadamente, 100 escaños de un total de 350 salen de las provincias menos pobladas, que suponen cerca del 80% del territorio y alrededor del 20% del electorado). Así que no es extraños, por tanto, que sea uno de los temas que más proliferen en las agendas de nuestros políticos.

Y como en alguna ocasión he repetido, la vida es una sucesión de estampas que se suceden unas a otra, pues en todas ellas existe un fondo común que las hace asemejarse. De aquí que mi primera impresión al encontrarme con la noticia haya sido la de esbozar una sonrisa recordando la serie de “El pueblo”, un soplo de aire fresco en la televisión, de cuyos capítulos me reconozco rendido sin ningún rubor (sobre todo con “El Ovejas”, al que es imposible no querer), y que, a la par del carácter cómico, adobado en todo momento con un exquisito humor blanco, nos ofrece también un espacio amplio para una reflexión actual.

Peñafría es un lugar ficticio de la provincia de Soria, que sufre las consecuencias de “La España Vaciada”. Con un puñado de habitantes, el lugar se va manteniendo a duras penas, de modo que cuando llegan dos hippies con su hijo, con la intención de crear una ecoaldea, son acogidos con los brazos abiertos. Sin embargo, este efecto llamada dará lugar a la aparición de personajes muy diversos y unidos por intereses bien distintos. Así podemos disfrutar de una panoplia humana abundante, en la que se mezclan los recién llegados con los cinco lugareños de siempre que, a su modo, ejercen de contrapeso frente a las “novedades” que traen los urbanitas: tecnología y medio rural frente a frente, y cargada de unos diálogos oportunos siempre y desternillantes en otras ocasiones.

Se agradece, pues, que de cuando en cuando la televisión nos ofrezca programas de este tipo. No solo el arte trata de complacer a los espectadores, y de mantenerlos entretenidos, sino que resulta refrescante, y didáctico también, que nos incite a fijarnos en las nervaduras que sostienen el tinglado de nuestra sociedad. Y cuando, además, usa el humor para ello, mejor que mejor.

Se ha escrito que “donde no hay humor hay dogma”, una frase que hice mía desde que la leí. El humor, nunca destinado a hacer sangre, es el mejor remedio que existe contra la muerte, diría yo. Y en el tema que nos ocupa, La España Vaciada, la muerte está cercana, a poco que nos esforcemos en abrir los ojos.

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