Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Oscar Buznego

Las voces de España

La Conferencia de Presidentes

Una de las razones que encumbran a la democracia en el aprecio de los ciudadanos es que reconoce a todo el mundo el derecho a hablar libremente de política. El presidente del Gobierno, el líder del primer partido de la oposición y los presidentes de las Comunidades Autónomas nos han ofrecido en los últimos días su versión de algunos de los asuntos que tienen carácter prioritario para la sociedad española y han dado pie, así, a un debate público del que los ciudadanos pueden sentirse partícipes. Los asistentes a la Conferencia de Presidentes han celebrado la cita, cierto es que no todos con el mismo entusiasmo, por el mero hecho de verse e intercambiar puntos de vista en un ambiente que todos han definido como cordial, aun a pesar de las profundas discrepancias existentes entre ellos sobre los temas tratados y los pendientes que no figuraban en el orden del día propuesto, sin consulta previa, por el Gobierno.

El cónclave de Salamanca estuvo precedido por una nueva edición del desencuentro que protagonizan los dos grandes partidos. Pedro Sánchez presentó un balance semestral de la actuación del Ejecutivo con mucho autobombo. Un periodista le pidió autocrítica, pero declinó el ofrecimiento. Advirtió que nada lo va a detener y se atribuyó por adelantado la recuperación económica en la que tanto confía. Su reiterada apelación a la unidad, chocante con el apoyo parlamentario pactado de los independentistas, se percibe como un brindis al sol por la adhesión en pleno de la oposición. Se reafirmó en que el estado de alarma es el instrumento más eficaz contra la pandemia, esquivando la cuestión de su constitucionalidad. No desaprovechó la ocasión para descargar, una vez más, la responsabilidad del bloqueo institucional en el PP, sin anunciar nuevas iniciativas al respecto.

A continuación, Pablo Casado afirmó ante la prensa que el Gobierno ha incumplido en todo, otorgó al Presidente la medalla de oro de la destrucción económica y vaticinó que, de seguir así, vamos a la ruina. Fue rotundo al señalar que el problema era Pedro Sánchez y esta vez insistió sin convicción en las elecciones anticipadas. No obstante, tendió la mano al Gobierno para reducir las seis crisis que, según su detallada enumeración, atenazan al país. Acusó a Pedro Sánchez de ser él quien obstruía la puesta al día de las instituciones básicas del Estado y, en relación con el Consejo General del Poder Judicial, puso la condición de revisar el procedimiento de selección de los vocales.

En resumen, Pedro Sánchez llama al diálogo y apuesta por la cogobernanza a todos los niveles, mientras que Pablo Casado se muestra dispuesto al acuerdo en los grandes temas de Estado, en primer lugar la renovación institucional. Los españoles debemos preguntarnos qué les impide, entonces, fijar la fecha para una conversación entre ambos y consensuar unos nombres de una lista interminable de candidatos dignos. La realidad es que el presidente del Gobierno pretende imponer la mayoría parlamentaria que sostiene a la coalición en los órganos directivos de las instituciones y el PP trata de evitar que eso ocurra, a la espera de una victoria en las próximas elecciones. La intención oculta de los dos, en verdad, es controlar las instancias de vigilancia o judiciales en las que se dirime hoy la política española. Y mientras, este enorme problema degrada nuestra democracia y tambalea nuestra capacidad para conseguir una rápida recuperación de la pandemia.

Otro ejemplo del deterioro institucional ha sido la cumbre autonómica del viernes. El Gobierno la convocó sin respetar el plazo ni reunir al Comité preparatorio, al margen del reglamento que la regula. En consecuencia, la asamblea ha estado acompañada por una encendida polémica sobre la cita misma. Uno de los congregados ha llegado a decir que no se había celebrado una Conferencia de Presidentes, sino una reunión informal, que además había resultado un esfuerzo inútil, pues no había ningún acuerdo que comunicar a los ciudadanos. Dado que las reuniones deben celebrarse a puerta cerrada, la opinión pública presta atención a los resúmenes y declaraciones que se difunden después. Escuchar uno a uno a todos los presidentes permite componer una imagen ajustada de la España actual, heterogénea y compleja. Abordan la situación de su Comunidad Autónoma con pragmatismo y una actitud cooperante e integradora, sin esconder los desacuerdos. De sus palabras, se deduce que en el aire flotan reparos a la gestión política de la pandemia y el reproche al Gobierno por no compartir las decisiones sobre los fondos. Feijóo y Urkullu hicieron ante la prensa las reflexiones con mayor carga de profundidad política y más sugerentes. Los dos coincidieron en señalar que el principal problema demográfico es la baja natalidad y el envejecimiento, apuntando a un posible error en la estrategia gubernamental, que se está dirigiendo prioritariamente al reto, también de primer orden, que supone la despoblación. Siguiendo las ruedas de prensa de los presidentes, es inevitable lamentar la ausencia en España de una sede parlamentaria en la que las comunidades autónomas pudieran encontrarse y debatir a diario. España ganaría y el independentismo quedaría empequeñecido. 

Compartir el artículo

stats