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Pigargo y otras prioridades

Las otras necesidades de conservación en la fauna del Oriente de Asturias

La reintroducción del Pigargo en Asturias debería ser una grata noticia. Pero inevitablemente algunas sombras se ciernen sobre ella. Para empezar, y a pesar de contar el proyecto con indudable respaldo autonómico o estatal, los conservacionistas asturianos no hemos tenido ni la más mínima posibilidad de opinar previamente sobre su necesidad, dada la inexistencia de trámite de información pública. Este procedimiento sería como mínimo recomendable –suponiendo que no sea preceptivo– dado que la presencia en libertad del Pigargo (Haliaeetus albicilla), una rapaz de gran tamaño, poderosa y voraz, afecta potencialmente a algunas especies nidificantes catalogadas, caso del Cormorán Moñudo (Phalacrocorax aristotelis) –presa potencial– o del Alimoche (Neophron percnopterus), a quien podría desplazar de sus lugares costeros de nidificación.

También incide sobre espacios protegidos pues la actuación se pretende desarrollar sobre la ZEC “Ribadesella-Tinamayor”, e incluso podría perturbar la ya iniciada reintroducción en el Cantábrico de otras especies, caso concreto del Águila Pescadora (Pandion haliaetus), con quien compite parcialmente en presas y puede que también en enclaves de anidamiento.

Pero esto no es todo: el problema de fondo es la más que dudosa justificación del proyecto entre las prioridades de conservación de la naturaleza cantábrica. Sin ir más lejos ni ánimo de ser exhaustivos, en la costa asturiana la población reproductora de codorniz (Coturnix coturnix) –en el Oriente popularmente “pámpana”– está bajo alarmantes mínimos, cuando apenas 30 años atrás era un nidificante común cuyo canto se escuchaba puntualmente en los prados al llegar el mes de mayo; hoy en día es apenas audible. La tórtola europea (Streptopelia turtur), otro fiel transeúnte primaveral y otoñal sufre una situación migratoria igual o peor. Las últimas y contadas parejas de Ostrero (Haematopus ostralegus) a duras penas consiguen sacar adelante sus pollos en la costa occidental.

En la costa oriental, el Aguilucho Pálido (Circus cyaneus) puede que haya desaparecido como nidificante de las sierras planas, y en las rasas costeras el exceso de aplicación de herbicidas, incluso insecticidas, en el cultivo del maíz y la destrucción incontrolada de matorral mediante también herbicidas o quemas están afectando año tras año a las aves ligadas al medio agrícola, disminuyendo sus recursos alimenticios –semillas y artrópodos– o eliminando sus hábitats de nidificación. Por no mencionar también que no se sabe a qué esperamos para declarar el Paisaje Protegido de la Costa Oriental, en el limbo administrativo desde hace más de dos décadas, mientras los pastizales costeros, víctimas de la intensificación agrícola, pierden paulatinamente diversidad florística y faunística. Por no decir que queda mucho trabajo por hacer para frenar las pérdidas de aves rapaces por electrocución en los tendidos eléctricos o evaluar con mayor rigor la mortandad de aves silvestres por impacto de las palas de los aerogeneradores. Por no hablar de la preocupante situación del corzo (Capreolus capreolus), ungulado silvestre muy afectado –miasis faríngea– por infestaciones de parásitos. Y lo que es peor de todo: el urogallo (Tetrao urogallus), símbolo por excelencia de la avifauna asturiana, se extingue delante de nuestros mismísimos ojos, sin que hasta la fecha hayamos sido capaces de frenar su alarmante caída poblacional.

Como verán, prioridades no faltan y problemas sin atender nos sobran. Tal vez por ello, algunas iniciativas de conservación, como la del pigargo, una especie cuya presencia reproductora histórica en el Cantábrico es más que dudosa, por bienintencionadas que sean, no parecen en este momento oportunas y sí un tanto artificiales. Entre otras razones por detraer atención mediática y fondos para otras, mucho más más necesarias y desatendidas. Dicho sea todo sin acritud.

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