Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

El César en “casadiós”

Existe en Asturias una lejana cuita sobre si la celebración de la fiesta regional del 8 de septiembre es cosa de Dios o pertenece al César. Así ocurre que cuando los ámbitos del poder celestial y del terrenal chocan, saltan chispas. Malo cuando caminan de la mano y derivan en comandilla trabucaire al modo del nacionalcatolicismo. Y tanto peor cuando cada uno de esos poderes camina por distinta acera y se lanzan chinas y pullas, desde el escaño o el púlpito.

Hay socialistas asturianos que no soportan que cargos públicos de su partido tengan que aguantar con resignado estoicismo lo que consideran un descortés desplante del mando religioso a la autoridad civil, como el discurso del Arzobispo en Covadonga, en las barbas de Barbón, donde el prelado se pasó dos pueblos. Y que, a la vista de la andanada del mitrado, apuestan por incorporar una enmienda a la ponencia marco federal del próximo cónclave del PSOE donde se señale que, dada la aconfesionalidad del Estado, se prohíba a los cargos públicos socialistas participar, en representación institucional, en las ceremonias religiosas de carácter festivo o en honor del patrón o patrona de la localidad, la autonomía o el Estado.

En Asturias manda Barbón, pero en “casadiós” lo que diga el Arzobispo va a misa, aunque se trate de una astracanada del guardián de las esencias de la fe. Al presidente del Principado le caben dos opciones: o aguantar el chaparrón, como muy dignamente hizo el pasado miércoles, con paciencia y cristiana resignación, o no acudir más a la habitual reprimenda del prelado. Y si el “imperator” profesa el credo católico, que acuda a título personal a misa si quiere ganar indulgencias o pedir intercesión a la Virgencita. Y como cualquier creyente, en un banco de detrás, discretamente, de pie o genuflexo. Eso ya es cosa suya.

Compartir el artículo

stats