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Vicente Montes

Saturación política para la pospandemia

Los partidos preparan un frenético despliegue en lo que resta de legislatura | Malestar en empresarios asturianos por el plante de Sánchez tras convocarlos

Si creían que la algarabía política había sido atronadora durante el letargo social que ha supuesto la pandemia, prepárense: aún llega lo peor. Los partidos afrontan la mitad de una legislatura seccionada en dos por el coronavirus. Habrá urnas en toda España en 2023 y todas las formaciones políticas tienen claro que se la juegan mucho. El PSOE tiene que apuntalar su poder en el Gobierno de España y en sus territorios, y el PP sabe que el Ejecutivo de Sánchez ha sufrido tropezones que podrían costarle la Moncloa ante una posible suma de populares y Vox, por mucho que esa alianza resulte peligrosa y arriesgada. Pero, ¿acaso no lo era también para los socialistas el abrazo de Pablo Iglesias?

La prueba más clara de lo que está por llegar está en el PSOE. Pedro Sánchez suele tener tendencia a reaccionar con rapidez ante las situaciones, aunque no haya una coherencia a largo plazo en esas reacciones. En todo caso, se trata de una hábil estrategia de supervivencia: enfrentarse a los problemas en cuanto se producen, atacándolos de frente con la mejor salida posible e ir así capeando las situaciones. Es la antítesis de la fórmula de Rajoy de dejar que los conflictos se cuezan en su propia salsa hasta que se resequen.

Los socialistas se agitaron en cuanto vieron los nefastos resultados de las elecciones autonómicas de Madrid. La victoria de Ayuso, a la que habían colocado como antagonista en la gestión de la pandemia evidenciaba el cansancio de la ciudadanía y la posibilidad de que ese cansancio se convirtiese en un castigo. De ahí que Sánchez modificase su gobierno, cambiase su discurso enterrando la pandemia (flexibilización del uso de la mascarilla como anuncio emblemático), diese por liquidado el asunto (pese a que la ola entre jóvenes trastocó las expectativas) y centrase el tiro en el mensaje de la recuperación.

Consciente de la situación y de la baza que supone la gestión de los fondos europeos, el PSOE está dispuesto a activar al máximo su aparato de propaganda. En ese contexto se entiende la decisión de colocar a Adriana Lastra como referente del partido al margen del propio Sánchez. La riosellana, pese a los peros que le ponen sus contrincantes, cae bien a la militancia: tiene imagen de dura, de no morderse la lengua y un punto rebelde, ácido y peleón. Su misión será poner a punto por toda España los engranajes de un PSOE que se ve recuperando la hegemonía del mensaje de izquierdas frente a un Podemos en retirada que solo tendrá en Yolanda Díaz la esperanza para aglutinar ese territorio heterogéneo y disperso que queda más allá del puño y la rosa. De ahí que el objetivo será pintar un PSOE más centrado, como espejo de la mayoría española, señalando a la derecha como los broncos gamberros que vienen a alterar la paz común.

El aumento de visitas del Ejecutivo a Asturias ha sido evidente en estos meses. Obedece a dos razones. Primero, debe tenerse en cuenta que venimos de un erial de actividades y visitas políticas durante la pandemia por lo que el Ejecutivo quiere recuperar el tiempo perdido. Segundo, hay una estrategia consciente que se repetirá por todo el país, con desplazamientos breves y urgentes de Sánchez y otros ministros.

Ese planteamiento tiene sus inconvenientes también para quien recibe las visitas. El Gobierno autonómico de turno tiene que modificar agendas y previsiones por las exigencias de Moncloa, como le ha ocurrido al asturiano. Pero también altera otros planes. Y si no, pregunten a los empresarios asturianos, que aún guardan cierto resquemor por cómo se ha organizado la última visita de Sánchez.

La patronal asturiana fue avisada de que en la visita del jueves habría un encuentro del Presidente con empresarios, en cierto modo para visibilizar el compromiso del Ejecutivo con la recuperación económica y también para destacar la inserción laboral que se pretende con la nueva FP. Los empresarios que formarían parte de ese encuentro tuvieron que acomodar su agenda al acto, pero cuando todo estaba a uña de caballo organizado recibieron el aviso de que se anulaba el encuentro. ¿Cuál era la causa? No hubo por parte de Moncloa demasiadas explicaciones, aunque permanece la sospecha de que las críticas de la patronal nacional a la nueva FP o la “incomodidad” de algunas preguntas que pudiesen plantear los empresarios sembraron las dudas de la Moncloa. Porque el objetivo es el de vociferar el mensaje: la mejor evidencia, que por evitar preguntas se impidieron incluso las de los periodistas que estuvieron confinados y aislados para finalmente solo poder asistir a un monólogo de Sánchez.

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