Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Pilar Garcés

Las edades del hombre

La llamada a los sénior a prolongar su pertenencia a la población activa

Ya nos estamos tirando a la yugular sin atender al contexto. Es ver las imágenes del ministro de la Seguridad Social, José Luis Escrivá, con lo de la necesidad de “un cambio cultural en España” para trabajar cada vez más entre los 55 y los 75 años y comprender su postura. Responde el hombre a las preguntas del diario “Ara” repantingado en un sofá, cómodo, encantado con su vida: “Yo es que no migraría del también ministerio de Migraciones ni en veinte años”, nos grita su lenguaje corporal. Dice Escrivá que “en estas edades, por razones demográficas y de calidad de vida, se puede trabajar más”, mientras busca recostarse un poco más en el respaldo acolchado. Cabe imaginar que si en lugar de en el diván de la actualidad se encontrase cargando cajas de pescado en un refrigerador gigante, conduciendo un taxi, vigilando de pie derecho la puerta de un supermercado, o empujando camillas en un hospital público no le saldría decir que “España es una anomalía”, sino algo como “qué día más largo, a ver si se acaba de una puñetera vez y me tiro en el sofá con los pies en alto como el ministro Escrivá”. Qué prisa tenéis, panda de vagos. El hombre en la flor de su vida política que a su alrededor solo ve cotizantes con ganas de convertirse en pensionistas no se está refiriendo en sus digresiones a las edades de personas como albañiles, mineros, pescadores, limpiadoras de hotel, camareras o repartidores, sino a sus pares. Abogados, profesores de universidad, jueces caducados pero nunca desalojados y funcionarios podrían si quisieran mantenerse en sus puestos y sacar este país adelante como campeones.

Tiene 60 años para 61 el titular de la también cartera de Inclusión, así que incluso se puede presuponer que anda el hombre con esa desazón de si en cualquier momento le prejubila por sorpresa como a su tocayo Ábalos el presidente Pedro Sánchez, 49 años, el político con más ansias de eternidad que ha pisado la historia de España, el prócer que siempre pedirá una prórroga en Recursos Humanos. Mucho presumieron desde Moncloa con la juvenil estampa del Consejo de Ministros tras el último arrebato del líder socialista que se saldó con la despedida sin compasión de algunos de los más veteranos. La juventud de sus miembros se convirtió en un valor al alza, una palanca para sacar al país de la crisis pospandémica y dar al Gobierno esa imagen de lozanía y energía que estaba necesitando. En el lote entraron sénior como Escrivá y Miquel Iceta (61), que se sientan junto a Luis Planas (68 para 69) y Margarita Robles (64 para 65). Me los imagino observando con recelo a sus joviales compañeras Isabel Rodríguez (40), Diana Morant (41), Pilar Alegría (44), Pilar Llop (48), Reyes Maroto (47) y Raquel Sánchez (45), al muy ponderado José Manuel Albares (49) o en la década siguiente a las poderosas Nadia Calviño (52), Teresa Ribera (52) y Yolanda Díaz (50). Por no hablar de Irene Montero (33), Ione Belarra (34) o Alberto Garzón (36), unos críos ajenos al drama del paro juvenil. Debió calcular Escrivá que podía enviarle un recado al jefe, al estilo deslenguado de Félix Bolaños (45), sobre el valor inapreciable de la experiencia que en Europa veneran y por aquí desprecian cuatro sindicalistas. Los 60 son los nuevos 50, los 70 los nuevos 60 y así sucesivamente hasta apuntalar a conciencia nuestro sistema de pensiones. No hay más que fijarse en el ministro de Universidades Manuel Castells, 79 años y como una rosa, en plena forma y encima es el que más dinero acumula de todo el Consejo de Ministros.

Compartir el artículo

stats