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Xuan Xose

Lo del lobo es una carnicería

La necesidad de poner en claro qué es lo que pasa en el campo asturiano

Pongámoslo claro. ¿Qué comete el lobo? Carnicerías. Mata abundantemente, y, cuando ataca al rebaño, mata más de lo que come. Es esa la cuestión fundamental, y no la de que haya lobitos y lobitas que ejerzan su “derecho” a crecer, multiplicarse, alimentarse, y, sobre todo, ser emblemas de lo que

Esa carnicería supone la muerte de animales de otras especies, el daño en muchos y el terror de los supervivientes. Pero, por lo visto, sobre ovejas, cabras o caballos no recae ningún tipo de empatía, nada cuenta su sufrimiento, deben resignarse a cumplir con su función: ser presa y comida de los otros, los protegidos, los declarados bienaventurados.

Yo entiendo que para los pro-lobo el daño a los propietarios del ganado no importe, a fin de cuentas no son estos más que negociantes, gente que gana dinero (que sean ellos, por cierto, quienes hayan hecho “la naturaleza” de que hoy gozamos y la conserven tampoco es de considerar). En todo caso, con abonársele los daños, está. Pero el destrozo no se produce únicamente en el bolsillo: se produce en la marcha de la explotación, hay que volver a reintroducir el ganado y asentarlo; en la emoción del ganadero, que sufre por las reses muertas, por su dolor, no solo por su dinero; en su desmoralización: se siente acosado y ninguneado por los gobiernos; en la tentación de dejarlo todo. Tal vez es eso lo que se busca: expulsar al campesino-ganadero del terreno que ocupa para dejar que la naturaleza se desenvuelva sin la contaminación del hombre.

La decisión del Ministerio para la Transición Ecológica de incluir todas las poblaciones españolas de lobo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre) es una sinvergonzonería. Que hayan tomado partido contra el control del lobo los territorios españoles que no tienen ni van a tener lobos en su territorio denota una falta de responsabilidad y una cara dura de tamaño magno. Es como si alguien diese por bueno el poder circular sin vacunas en territorios situados en otro continente desde el que estuviese garantizado que nunca irían a venir al propio los infectados.

Y todo ello, además, se completa con un catálogo de condiciones para matar un lobo excepcionalmente dañino que no se sabe si suscitan pasmo, risa o enfado. A poco más, se pide que, tras tratar de convencerlo con buenas palabras para que cese –parcialmente– en su actitud, lo declare un tribunal internacional reo de ejecución. ¡Lean, lean!

Y, finalmente, con la decisión podemos afirmar que el enemigo está dentro. O, dicho de otra manera, “los nuestros disparan sobre nosotros”. Ahí tienen a Jorge Marquínez y Hugo Morán votando contra los ganaderos asturianos y contra el criterio mismo del Gobierno asturiano. ¿Por qué lo hacen? Porque su patria es la continuidad de su carrera, apoyar lo que les mandan apoyar, esa y no otra. Muchas veces, la opinión se queja de que no hay asturianos en Madrid o Bruselas que nos puedan defender. Ahí los tienen, ¿para qué los queremos? En fin, nada nuevo para quien quiera verlo. Ya lo decía Enriqueta González Rubín en su novela de 1875: «Entamó a numbrami una porción de jiyos d’Asturies que dempués de vese allá enriba n’altu nun s’acordaren más de qu’había Asturies en mundiu»

Ahora sí, ante una persona hay que posar la montera, ante Saturnino García Galán, que, como había prometido, ha dimitido de su cargo de director general de Ganadería y Sanidad Animal del Principado de Asturies, en desacuerdo con la decisión del Ministerio de Transición Ecológica y Medio Ambiente de otorgar mayor (total, en realidad) protección al lobo, es decir, de infligir mayores daños al ganado y desmoralizar al ganadero. Monterazu.

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