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José Manuel Ponte

Los veranillos no son veranos

La búsqueda de la espectacularidad en el periodismo actual

Todos los años, en octubre, rebrota la triste sensación de que la naturaleza nos ha vuelto a privar de un verano que quisiéramos eterno. A veces, si hay suerte, el clima es bondadoso y nos permite prolongar unos días más el disfrute del sol y del aire libre. Pero no hay que engañarse, las sombras empiezan a ganar terreno a la luz, las noches enfrían y para darse un baño en el mar hay que pensarlo más de una y de dos veces. Al menos en el noroeste peninsular. Los meteorólogos llaman a estos días de breve felicidad barométrica veranillo de San Miguel y veranillo de San Martín (veranillo que no verano). Excepcionalmente, recuerdo, viviendo en Vigo, un mes de noviembre de 1971 que fue de auténtico verano. En la primera plana del desaparecido “El Pueblo Gallego” pusimos la fotografía de unas bellísimas bañistas en biquini en la playa de Samil. Con este titular: “Insólito noviembre”. Entonces, el periódico pertenecía a la llamada Prensa del Movimiento y había sido incautado a la familia del político republicano Manuel Portela Valladares.

Yo procedía de la Editorial Católica, heredera de “El Debate”, periódico fundado por el cardenal Herrera Oria y propietaria entre otros del “ Ya”. Y allí me encontré con Pepe Rey, el famoso periodista orensano que descubrió tantos escándalos políticos y financieros; con José Francisco Armesto Faginas, que luego fue director de “El Faro de Vigo”; con Rodrigo Varela , que fue director de “El Correo Gallego” y de “La Noche”, dos prestigiosas cabeceras compostelanas; con Marcelo Otero, mas adelante director de Radio Nacional en Pontevedra; Paul, Guldris, Larrubia y unos pocos más. En esa compañía pasé algunos de los años mas alegres y divertidos de mi trayectoria profesional. Franco aún no se había muerto, operado por su yerno, el Marqués de Villaverde, y cometimos la ingenuidad de intentar hacer un periódico que informativamente iba por delante de lo que toleraba la dictadura. Aquello no podía durar. Y no duró.

El periodismo que se hace ahora (sobre todo en la televisión y en la radio) busca la espectacularidad y los enfrentamientos entre tertulianos. Hace unos pocos días, una cadena de televisión, la Sexta, y el periódico “El País” anunciaron una sensacional revelación sobre los negocios opacos de personajes muy conocidos de la política, las finanzas, el deporte, la literatura, el cine, la moda, el arte, etc. Los conductores del programa adoptaron un estilo truculento y misterioso para informar sobre fideicomisos, paraísos fiscales, archivos mercantiles opacos, cuentas secretas, bufetes de influencia y cualquier método que permita beneficiarse del fraude fiscal. Lo cierto es que, al que esto escribe, no le impresionó la lista de los primeros personajes implicados en la trama . Eran, entre otros, un futbolista famoso, una cantante multimillonaria y un político en ejercicio. Todos ellos ya habían sido mencionados como posibles defraudadores en los medios en más de una ocasión. Y la misma impresión produjo lo que se anticipaba como un descubrimiento que nos dejaría boquiabiertos. El personaje misterioso resultó ser el escritor colombiano Gabriel García Márquez. Los que seguramente más se benefician de los pasadizos secretos del dinero no fueron citados en esa lista.

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