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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Gestionar la esperanza

A Adrián Barbón se le ha criticado a la largo del terrible último año y medio su adversión a la audacia en la lucha contra la pandemia, la ausencia de arrojo a la hora de tomar decisiones valientes que lograran conciliar salud y economía, de tal manera que preservar la sanidad a toda costa no diera con los huesos de algunos sectores económicos en la UCI, al aguardo de una vacuna que no llega.

Por el contrario, hay que reconocer que la machacona prudencia del presidente asturiano, su firmeza en mantener la dureza de algunas restricciones, su confianza extrema en el criterio defensivo que iba dictando en cada momento el equipo médico habitual, nos ha traído hasta donde estamos, a liderar la estrategia inmunológica y a encontrar antes que ninguna otra comunidad el camino a la tierra prometida. Ha ayudado a esa senda la responsabilidad de la mayoría de los asturianos y su docilidad para asumir sin rechistar las indicaciones administrativas, por duras y dolorosas que fueran.

Hasta los más feroces detractores de Barbón han de reconocerle esta virtud, la del éxito de haber optado por la cautela frente a la intrepidez. Pero, llegados a este punto, conviene ahora empeñarse en sacar de cuidados intensivos el empleo, a las empresas con respiración asistida, a los autónomos que casi todo lo perdieron. Es la hora de aplicar remedios a los graves efectos secundarios del covid en la economía regional. Ahora sí hace falta descaro, valentía, atrevimiento e insolencia política. Que tan difícil como doblegar al dolor va a resultar gestionar la esperanza.

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