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Javier Ciervo

Un millón

Javier Cuervo

El discurso de reyes

¡Dónde va a estar mejor un rey de España que en España! Y quien dice uno, dice dos. Juan Carlos quiere volver. Le ha dicho a una periodista francesa que echa de menos la comida. Alguna prensa lo ha tomado fatal y la familia, a la que se suele citar como primera añoranza, puede que se haya mosqueado. Pero Juan Carlos (Roma, 1938) ha sido tremendamente español porque como en España no se come en ninguna parte del mundo, coinciden los españoles. El rey sabe que, puestos a que te rompan los huevos, mejor en Casa Lucio, que el jamón con Bertín es 6 jotas y que hay amor emérito no solo para Plácido Domingo.

Dicho esto, lo que más gusta a los reyes de España de España es reinar en España. En cuanto no lo pueden hacer, se van al exilio a hacer vela y conspirar. Hay breves experiencias de república, pero jamás se han quedado, cambiado de actividad y sacado el abono de los toros. Se van y se pasan el resto de su vida añorando la comida española. ¿Por qué? Si se quedaran la podrían comer todos los días. Kilómetro cero. Cuando vuelven, se instalan a mesa puesta con cargo al Estado porque añoran comer como reyes.

El rey quiere volver por temporadas, un picoteo, y es seguro que para Navidad, que a todos nos empaña el ojo la idea de volver a casa aun estando en ella. El problema es que la Navidad está muy unida a la monarquía porque es cuando el rey se dirige al pueblo sin que pase nada, solo porque, eeeeh, todo lo que se me ocurre es rancio y no quiero desmerecer la “monarquía moderna que encarna Felipe VI”. Para el rey hijo puede ser embarazoso el discurso con el rey padre vuelto, porque la Fiscalía considera que los presuntos delitos han caducado, que la inviolabilidad cubre estas violaciones y que ha contentado a Hacienda por mucho menos que a la venal y venérea Corinna, porque el Estado es más barato, sobre todo cuando has sido su jefe.

Felipe VI podría hablar en Nochebuena y Juan Carlos en la noche de Reyes, una festividad que, como la monarquía, se basa en la convención de una mentira que hace ilu.

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