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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

El abrazo de Vergara

Felipe González y Pedro Sánchez, en una imagen de archivo. ANDREA COMAS/REUTERS

No es una canción nueva. Ya la entonaba hace décadas Fofito con los Payasos de la Tele: “No hay nada más lindo que la familia unida”. Como si de la coreografía se hubiera ocupado Emilio Aragón, la puesta en escena del abrazo entre González y Sánchez en el reciente congreso federal del PSOE tuvo más carga teatral que telerrealidad, por mucho que fuera emitido por señal televisiva. Fue un ejercicio de ficción próximo a la comedia por la presencia de Zapatero; o a la balada triste de trompeta, con Almunia a la boquilla.

En el vídeo del abrazo que el partido que gobierna la nación ha vendido como un gesto de reconciliación entre el viejo PSOE y el renovado, no se detecta excesivo entusiasmo de González en las miradas y los aplausos. Debe reconocérsele, eso sí, al expresidente del Gobierno un ejercicio de dignidad cuando afirmó, rotundo: “Me siento libre porque digo lo que pienso; y me siento responsable porque pienso lo que digo”. Trabalenguas que si hay entendimiento entre las bases socialistas quiere dar a entender que el PSOE histórico firma un armisticio condicionado a disponer de la libertad de poder expresarse con capacidad crítica. Cierto es, como dijo González, que un partido es grande cuando fomenta el debate y admite la disidencia. Propuesta, como se ve, alejada del culto a la personalidad del líder.

La escenificación del abrazo de Vergara entre el socialismo isabelino y el carlista, entre el Espartero sevillano y el Maroto madrileño, se envuelve en el celofán de un decorado de cartón piedra. Los apretones del líder socialista son como los abrazos del oso. Recuerden aquel achuchón con Pablo Iglesias tras la firma del acuerdo de gobierno con los podemistas: Sánchez celebra hoy su apoteosis y al otro, que se pensaba Sansón, le acabaron cortando la coleta.

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